La técnica de Estefanía Pasquini para que no le vieran la panza y el vacío que ni Alberto Cormillot pudo llenar

La nutricionista compartió un crudo relato sobre su pasado y reveló las maniobras que hacía para ocultarse. «No quería un cuerpo, quería sentirme suficiente», confesó sobre una lucha que persiste hasta hoy.

La técnica de Estefanía Pasquini para que no le vieran la panza y el vacío que ni Alberto Cormillot pudo llenar

El archivo personal de Estefanía Pasquini guarda imágenes que, para muchos, podrían ser un simple «antes y después». Sin embargo, detrás de esas fotos que decidió hacer públicas, existe una reconstrucción de momentos que la nutricionista prefirió callar durante años. No se trata solo de un cambio físico, sino de una serie de conductas que marcaron su forma de vincularse con el mundo desde que era una niña.

Incluso hoy, consolidada profesionalmente y formando una familia con el Dr. Alberto Cormillot, los fantasmas de aquella época reaparecen en su discurso. Hay situaciones de su infancia que dejaron una marca difícil de borrar, relacionadas con una búsqueda desesperada por no ser «invisible» ante el resto.

EL ODIO A LAS PIERNAS

Durante su adolescencia, la actual esposa de Cormillot desarrolló una ingeniería minuciosa para evitar que los demás notaran su cuerpo. Pasquini no buscaba la delgadez por una cuestión estética tradicional; su objetivo era otro: quería, simplemente, sentir que valía lo mismo que las demás.

Para lograrlo, aplicaba técnicas que hoy recuerda con mucha crudeza. Salía de su casa con una campera de jean que no se sacaba nunca: la usaba puesta o colgada estratégicamente adelante de la panza para que nadie pudiera adivinar su silueta. También recurría a mangas especiales para tapar sus brazos y polleras largas combinadas con medias gruesas. El objetivo era anular cualquier posibilidad de que alguien viera sus piernas, a las que ella misma definió como el centro de su propio odio.

LA MIRADA DE LOS DEMÁS

En aquel entonces, su seguridad dependía de factores externos que no podía controlar. Pasquini confesó que, cuando salía con su grupo de amigas, internamente deseaba que la chica considerada «la linda» del grupo no tuviera permiso para salir. Era la única forma en la que ella sentía que no iba a ser la «menos elegida» de la mesa.

Esa vulnerabilidad la llevó a tomar una decisión drástica: bajar de peso a cualquier costo. Empezó un proceso de descenso vertiginoso. Bajó un kilo, después otro, y siguió bajando hasta que la balanza marcó números que nunca había imaginado. Pero en ese punto de éxito aparente, ocurrió algo que no estaba en sus planes y que cambió su percepción para siempre.

UN VACÍO SIN DIETA

Al mirarse al espejo siendo flaca, la nutricionista se encontró con una realidad inquietante: seguía sintiéndose vacía. Se dio cuenta de que ni siquiera sabía si la estaban mirando porque, en el fondo, ella misma no podía verse. Entendió que el peso era apenas un síntoma de un problema mucho más profundo que ninguna dieta, por más estricta que fuera, iba a poder solucionar.

Ese vacío emocional es el que hoy intenta visibilizar. Estefanía Pasquini reconoció que, a pesar de su presente, la lucha es «un día a la vez». Incluso recordó cómo las críticas en redes sociales durante su maternidad con su hijo Emilio la hicieron volver a tocar fondo, sintiéndose juzgada mientras vivía un infierno personal. El relato de la nutricionista deja expuesta una verdad que pocos cuentan: se puede alcanzar el «peso ideal» y, aun así, seguir necesitando esconderse.

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