En el backstage de su última obra, los actores compartieron un recuerdo que terminó en una confesión poco común. Lo que empezó como una charla relajada derivó en un ida y vuelta que dejó al actor sin palabras minutos antes de que subiera el telón.

Soledad Silveyra y Luis Brandoni estaban en el camarín, terminando los preparativos de ¿Quién es quién?. El ambiente, lejos de ser la típica preparación, se cargó de una complicidad muy particular que terminó grabada y publicada por la propia actriz. Mientras repasaban fotos y recordaban viejas épocas, Soledad decidió soltar una anécdota de sus años en Carlos Paz que tomó a todos por sorpresa, especialmente a su compañero, que no esperaba ese nivel de franqueza justo antes de trabajar.
UN RECUERDO QUE NO ESPERABA
La actriz trajo al presente un episodio de salud de hace tiempo: después de una cirugía de lolas, una complicación hizo que se le encapsulara uno de los implantes. Con la confianza de años de amistad, ella no tuvo mejor idea que preguntarle a Luis si podía tocarla para confirmar que la zona estaba dura como una piedra.
La reacción de Brandoni fue inmediata y entre risas: “¡Pero, mija, vos estás loca! ¿Cómo me vas a hacer tocarte las te…?”. Ese momento, que en su momento fue una complicidad de camarines, hoy se transformó en la forma que eligió la actriz para rememorar a quien consideraba su maestro.
LO QUE NO SE VE EN ESCENA
Más allá de las bromas, el video también muestra el lado humano de Brandoni, intentando bajarle el perfil a la cantidad de espectadores que esperaban esa noche. Soledad le pedía mesura, una dinámica de cuidado mutuo que mantuvieron hasta la última función.
La actriz aprovechó para bajarle el tono a las críticas que rodeaban al actor por su postura política, definiéndolo simplemente como un radical que no compartía ideas con el peronismo, pero lejos de los rótulos hirientes. Al cerrar su recuerdo, Soledad confesó que el escenario era el refugio de su compañero, pero que, a veces, era ella quien más necesitaba ese alivio. Su despedida final es clara: “Ahora no tengo un ángel, sino dos: la China y Beto”.





