Tras once años de amor, la pareja eligió una dinámica poco convencional que desafió los mandatos. La historia detrás del acuerdo que los unió hasta el final.

Durante los últimos trece años, la rutina de Luis Brandoni no siguió el manual tradicional. Mientras la mayoría de las parejas consolidan su vínculo bajo un mismo techo, el actor y su novia, la productora y directora Saula Benavente, eligieron un camino distinto que mantuvieron hasta el último día: la autonomía como eje central de su afecto.
Él en Retiro, ella en Palermo. Una estructura que, lejos de ser un impedimento, terminó siendo la clave para que el amor se sostuviera con frescura y sin el desgaste cotidiano que suele aparecer en los años de convivencia.

El punto de partida de esta historia no fue un guion de cine, sino un cruce casual en 2013, durante un evento organizado por Claudio Segovia en Pur Sang. Saula recordaría tiempo después que aquel encuentro tuvo un protagonista inesperado: el gesto solidario de cederle su silla a Soledad Silveyra. Ese movimiento en la mesa llamó la atención de Beto, quien no dudó en invitarla a sumarse al grupo donde conversaban figuras como Ana María Picchio y Marilú Marini.
Lo que empezó como una charla en una mesa compartida derivó en una serie de invitaciones a cenar, entre ellas una velada junto a Rafael Filippelli y Beatriz Sarlo, que terminó de confirmar el flechazo.
EL ACUERDO QUE MANTUVIERON HASTA EL FINAL
A pesar de los 33 años de diferencia, la pareja encontró un formato que funcionaba a la perfección para ambos. En reiteradas oportunidades, el actor explicó los motivos de esta decisión que despertaba curiosidad en su entorno.
«Tengo novia, sí. No convivimos porque ella tiene su hijo y cada uno tiene sus cosas, pero somos novios. Es muy lindo, sobre todo porque evitamos el desgaste de la convivencia», confesaba Brandoni con esa honestidad pícara que lo caracterizaba. La dinámica incluía llamados telefónicos constantes a lo largo del día y una rutina donde cada uno conocía los tiempos del otro, pero respetando el refugio de sus propios espacios.
Incluso, en más de una ocasión, el actor solía bromear sobre las particularidades que implicaba la vida de ella, mencionando desde sus perros hasta las ocho tortugas que formaban parte de su cotidianidad. Era un equilibrio donde el amor sobrevivía al margen de la rutina doméstica, un detalle que el propio Beto llegó a resumir con contundencia: «Confieso que no tengo deudas en el amor».
LA PRESENCIA EN EL MOMENTO MÁS DIFÍCIL
Tras la internación de Luis Brandoni en el Hospital Güemes, luego de sufrir un fuerte golpe en la cabeza en su domicilio, la realidad de la pareja dio un giro, pero la dinámica de apoyo no cambió.
Si bien durante trece años eligieron casas separadas para preservar la complicidad, en la última semana, Saula Benavente estuvo presente junto a las hijas del actor, acompañándolo hasta el final de sus 86 años. La pareja que había construido un formato ideal para los dos, donde el amor se alimentaba de la distancia medida y el deseo de encontrarse, cerró su historia con la misma firmeza con la que la llevaron adelante: sin convivir, pero sin soltarse.





