El periodista de 82 años recibió el alta tras una intervención de urgencia y desoyó la recomendación médica de reposo absoluto. Los detalles de su regreso inmediato y la respuesta tajante que le dio a los profesionales de la salud.

Cualquier persona, tras una intervención médica de urgencia y con dos stents recién colocados en las piernas, buscaría un poco de silencio y reposo en casa. Sin embargo, Chiche Gelblung eligió el camino opuesto. A sus 82 años, el periodista demostró que, para él, la rutina laboral no es una opción, sino una necesidad que está por encima de cualquier indicación clínica.
La situación es clara y, al mismo tiempo, difícil de entender para quienes priorizan el descanso ante un cuadro de salud. Apenas salió del Sanatorio Los Arcos, donde estuvo internado el lunes 20 de abril tras una descompensación, el conductor no esperó ni 24 horas para volver al ruedo. La contradicción entre lo que recomendaban los médicos y lo que él decidió hacer deja al descubierto un rasgo que lo define: la imposibilidad de quedarse quieto.
LA ORDEN QUE REBOTÓ EN LOS MÉDICOS
El detrás de escena de su salida del sanatorio no fue tan tranquilo como él intenta transmitir al aire. Según reveló la periodista Pilar Smith en LAM, el cruce entre los profesionales de la salud y el conductor fue tenso. La indicación médica fue tajante: “Chiche, quedate descansando”.
Pero la respuesta del periodista fue, cuanto menos, incómoda. Lejos de aceptar el consejo, su reacción fue de rechazo total. Smith afirmó que, ante la insistencia de los médicos por resguardar su salud, Gelblung no tuvo filtros: “Los mandó a la mier… directamente”. La frase pinta de cuerpo entero una actitud que no cambia ni siquiera cuando el cuerpo le exige un freno obligatorio.
LO QUE NO QUISO ADMITIR
¿Qué fue lo que realmente pasó en la clínica? Más allá de los rumores sobre un posible infarto —que él mismo se encargó de negar con vehemencia—, el dato concreto es que le colocaron dos stents en una de sus piernas. Un procedimiento que, por protocolo, exige cuidados específicos y un tiempo de recuperación que él decidió ignorar.
La tensión entre la realidad médica y su discurso es el punto que más ruido hace. Chiche Gelblung sostiene que está perfecto y que, de haber tenido un infarto, «no estaría acá». Sin embargo, hay un detalle que contradice su idea de plenitud: su voz. Al aire, se lo nota claramente difónico. Él mismo lo reconoce como un detalle menor, un simple residuo de la internación, restándole importancia a cualquier secuela que pudiera haber quedado tras los días de internación.
“No tengo más remedio”, dijo para cerrar el tema, asumiendo su regreso como una obligación ineludible. Mientras los médicos le recomiendan trabajar lo menos posible, él elige seguir adelante. El resultado es un escenario donde la voluntad del conductor, a sus 82 años, termina ganándole la pulseada a cualquier recomendación profesional.





