La modelo relató el episodio que vivió con Vita tras un golpe en su casa. La reacción de la nena al recibir la atención médica marcó un antes y un después en el susto que pasó como mamá.

Un segundo de distracción alcanza para que la dinámica de una tarde cambie por completo. Eso fue lo que le pasó a Cande Ruggeri en las últimas horas, cuando un accidente doméstico de su hija Vita la obligó a dejar todo y salir corriendo hacia la guardia médica.
La influencer compartió en sus redes sociales lo que ocurrió tras el golpe en el hogar. Lo que empezó como un día normal terminó con una intervención de urgencia que le generó una angustia difícil de disimular, incluso después de que la situación estuviera controlada.
UNA TARDE QUE CAMBIÓ LOS PLANES
Apenas conocida la noticia, la preocupación de sus seguidores fue inmediata. Cande Ruggeri no quiso ocultar la gravedad del momento y admitió que, durante esos minutos en el centro médico, la pasó realmente mal. La frase que eligió para definir lo que sintió en ese instante resume el terror que vive cualquier padre ante un imprevisto con sus hijos: «Casi me muero cuando se cayó».
El accidente dejó como consecuencia una pequeña herida que requirió tres puntos de sutura. Lejos de ser un trámite sencillo, para Cande representó un proceso de mucha tensión, especialmente por tener que ver a la nena pasando por la intervención.

LA NENA NO SE QUEJÓ
Sin embargo, en medio del mal trago, hubo un detalle que llamó la atención de la modelo y terminó suavizando el panorama. A pesar de la angustia acumulada, Vita se mostró tranquila durante todo el procedimiento, e incluso apareció en las redes contando lo sucedido con una calma que descolocó a su mamá.
Esa diferencia entre el miedo de Cande Ruggeri al ver a su hija lastimada y la fortaleza que mostró la pequeña de 3 años, resultó ser el punto clave del relato. Con los puntos ya realizados y la tranquilidad de que el accidente no pasó a mayores, la familia ahora transita los días de recuperación esperando que llegue el momento de retirar la sutura, mientras la anécdota empieza a quedar lentamente atrás.





