El productor rompió el silencio tras el fallecimiento del actor y reveló el trasfondo de lo que ocurrió dentro del Sanatorio Güemes durante los últimos dos días.

Mientras el ambiente artístico y el público procesaban la noticia del fallecimiento de Luis Brandoni, la realidad de lo que ocurrió puertas adentro del sanatorio tuvo un ritmo muy distinto al que se imaginó desde afuera. La partida del actor no fue un desenlace repentino ni azaroso, sino el final de un proceso que su círculo íntimo transitó en un silencio riguroso.
La internación, iniciada el sábado 11 de abril tras un accidente doméstico, comenzó con un pronóstico que generaba esperanza. A pesar de la gravedad de un hematoma subdural, el entorno mantenía la calma y la confianza en una recuperación. Sin embargo, el curso de los hechos dio un giro rotundo a mitad de la semana pasada, cuando el cuadro clínico comenzó a presentar complicaciones que los médicos no pudieron revertir.
Fue a partir del miércoles 15 de abril cuando la situación se tornó irreversible. Ese momento marcó el inicio de una etapa distinta para su familia —especialmente para sus hijas, Micaela y Florencia, y su pareja, Saula Benavente—, quienes establecieron una suerte de vigilia constante en el centro de salud.
Un desenlace previsible
El dolor de la pérdida, aunque profundo, no tomó por sorpresa a quienes compartieron ese proceso. Según el relato de Carlos Rottemberg, productor y amigo de Brandoni, el desenlace ya se palpaba en el ambiente desde hacía 48 horas.
En diálogo con TN, el productor confirmó que el estado de salud del protagonista de recordados clásicos del cine nacional ya no ofrecía margen de mejoría. «Estuvo puesta toda una expectativa en su mejoría que se suponía iba a ocurrir una semana atrás, respecto del hematoma», explicó.
Ese «punto de quiebre» que mencionó el productor cambió la dinámica de la internación: de la lucha por la recuperación se pasó a la espera del desenlace. Para la familia, el fin de semana fue una vigilia de acompañamiento, aguardando el momento final con la resignación de saber que la evolución médica había llegado a su techo.
La suspensión de la temporada de la obra que encabezaba junto a Soledad Silveyra en el Teatro Liceo fue la primera señal pública de que la situación era delicada, pero el testimonio de Rottemberg terminó de confirmar que el adiós se gestó en la intimidad de esas últimas horas en el sanatorio, lejos de las versiones que circularon erróneamente sobre un ACV.
Fue así que, entre el silencio del Sanatorio Güemes y el acompañamiento de sus seres queridos, se cerró el capítulo final de una trayectoria que dejó una marca indeleble en la cultura argentina.





