Gaspar, el hijo de Carla Peterson y Martín Lousteau, empieza a definir sus intereses entre libros, cine y teatro.
En medio del gran momento profesional que vive por El Eternauta, Carla Peterson mantiene otro foco fundamental en su vida: acompañar el crecimiento de su hijo Gaspar, fruto de su relación con Martín Lousteau. Con 12 años recién cumplidos, el chico ya empieza a mostrar con claridad qué cosas lo apasionan y qué lugares lo alejan del camino económico y político que caracteriza a su padre.
Desde pequeño, Gaspar mostró una fuerte conexión con el arte. Peterson contó en más de una oportunidad que lo vio crecer rodeado de libros, películas y ganas de entender historias. Hoy, ya en la preadolescencia, ese interés se consolidó y se transformó en una curiosidad genuina por el teatro, la lectura y el cine.
Un perfil artístico que se afirma
A diferencia de Lousteau, cuyo mundo está ligado a los números y a la gestión pública, Gaspar se siente cómodo en un terreno completamente distinto. La actriz lo explicó con naturalidad: a su hijo “los números no le gustan”, pero la lectura y el teatro lo entusiasman de verdad.
Ese contraste no genera conflicto; al contrario, muestra cómo cada chico va encontrando su propio rumbo sin necesidad de seguir modelos familiares.
Peterson suele mencionar que Gaspar es creativo, observador y muy inquieto intelectualmente. Esa mezcla, sumada a su interés por las ciencias sociales, podría orientar su futuro hacia un mundo más interpretativo y humano, un espacio donde la actriz se mueve con naturalidad y donde su hijo parece sentirse cada vez más cómodo.
Una crianza compartida y presente
Más allá de sus profesiones distintas, Peterson y Lousteau coinciden en un punto central: acompañar sin presionar. Ambos sostienen un vínculo cercano con su hijo y lo alientan a explorar lo que realmente le despierta entusiasmo. Esa presencia afectiva, visible incluso en redes, es parte del sostén que lo ayuda a construir su propio camino.
Un cierre abierto, como su futuro
Gaspar todavía es chico, pero ya muestra una identidad clara: la curiosidad por el arte y el deseo de expresarse. Su camino recién empieza, y lo transita con libertad, entre libros, escenarios y la mirada atenta de sus padres.








