Matías Alé y el ruido que no se apaga: el detalle que quedó flotando en la mesa de Juana

Entre anécdotas de pareja y recuerdos de temporada, una frase mínima cambió el clima del programa: Alé contó que ya no conoce el silencio y explicó por qué eso le parte el día en dos.

Matías Alé y el ruido que no se apaga: el detalle que quedó flotando en la mesa de Juana

El dato más revelador apareció casi al pasar. Mientras conversaba en Almorzando con Juana sobre su presente personal y laboral, Matías Alé confirmó que convive con tinnitus. No lo presentó como una novedad médica ni como un parte clínico: lo dijo como quien admite una ausencia. “Un día me levanté y no escuché el silencio nunca más”.

No fue una confesión armada para cámara. Llegó cuando Juana Viale mencionó el tema y él asintió, con una calma tensa que contrastó con la contundencia de lo que estaba contando. “Es desesperante”, repitió, sin buscar énfasis.

“Nunca más escuché el silencio”

Alé explicó que todo empezó con algo menor, casi doméstico: una congestión, “como un resfrío mal curado”. De ahí en adelante, el ruido constante. Zumbidos, pitidos, una presencia permanente que no se apaga ni cuando el entorno se queda quieto.

La frase que más pesó no fue técnica ni dramática. Fue cotidiana. No habló de dolor físico, sino de una experiencia que invade lo simple: dormir, concentrarse, estar. El silencio, ese descanso invisible, dejó de existir.

Operaciones, tratamientos y una fecha que vuelve

El actor contó que ya pasó por una cirugía en marzo de 2025 para “compensar la gravedad del tímpano” y que inició varios tratamientos. El detalle que quedó flotando —y que pocos remarcaron— es que habrá una nueva operación este marzo. La enfermedad no quedó atrás: sigue en agenda.

Viale aportó un dato clave desde otro ángulo: no se trata solo de audición. “Es algo cerebral, de la corteza”, explicó. Esa precisión cambió la lectura del problema. No es un oído que falla; es un ruido que se procesa en el centro mismo de la percepción.

La calma forzada en un cuerpo inquieto

Alé habló sin victimizarse, pero tampoco minimizó lo que vive. Entre risas medidas y silencios incómodos, quedó claro que el tinnitus se metió en su rutina y la reordenó. La tensión no estuvo en lo que dijo, sino en cómo lo dijo: sin dramatizar, pero sin salida.

En un programa donde suelen primar la charla liviana y el ida y vuelta distendido, el momento quedó suspendido. No hubo cierre redondo ni consuelo fácil. Solo una certeza incómoda: para Matías Alé, el ruido sigue ahí. Y el silencio, por ahora, no vuelve.

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