Las imágenes lo mostraban en calma, en pareja y lejos del ruido. Días después, la internación cambió la lectura de ese viaje.

Las fotos volvieron a circular esta semana y, vistas hoy, dicen otra cosa. En ellas, Christian Petersen aparece relajado, sonriente, caminando por la playa. Nada hace pensar en una descompensación inminente. Sin embargo, esas postales corresponden a los días previos a su internación y ahora generan una tensión silenciosa que atraviesa a quienes lo siguen desde hace años.
A una semana de su ingreso al sanatorio, mientras el parte médico mantiene la cautela, empezaron a conocerse detalles de aquel viaje a Brasil que el chef había elegido como una pausa necesaria. El destino fue el nordeste brasileño, un escenario de descanso real, sin cámaras ni compromisos. Petersen venía de meses exigentes y necesitaba bajar el ritmo.
En las imágenes se lo ve compartiendo caminatas por la costa, comidas sencillas y atardeceres largos. El gesto es sereno. La mirada, tranquila. Lo que llama la atención es justamente eso: no hay señales visibles de alarma. Encima, él mismo registró esos momentos y los compartió con naturalidad en redes, celebrando el tiempo en pareja.





Un descanso que hoy se mira distinto
Según trascendió, ese viaje funcionó también como un paréntesis emocional. A su lado estuvo su esposa,Sofía Zelaschi, acompañándolo de manera constante y alentándolo a priorizar su bienestar. Quienes conocen la intimidad de la pareja coinciden en que fue un sostén clave durante esos días.
El contraste entre aquellas imágenes y la situación actual es lo que genera inquietud. Las fotos muestran calma; el presente, incertidumbre. Los médicos siguen atentos a su evolución y el mundo de la gastronomía observa con preocupación contenida.
Al final, queda una sensación incómoda: cómo una imagen puede cambiar de sentido con el paso del tiempo. Hoy, esas fotos ya no hablan solo de descanso, sino de lo frágil que puede ser ese equilibrio cuando el cuerpo decide decir basta.








