Yanina Latorre y Maru Botana, tensión intacta en su reencuentro en MasterChef

Después de años de cruces y reproches públicos, se encontraron cara a cara en televisión. Hubo sonrisas medidas, frases filosas y una incomodidad que se notó más en los gestos que en las palabras.

Yanina Latorre y Maru Botana, tensión intacta en su reencuentro en MasterChef

El momento llegó sin vueltas. En el estudio de MasterChef Argentina, Yanina Latorre quedó frente a Maru Botana después de una rivalidad que arrastra décadas. No hubo presentación especial ni aclaraciones previas: bastó el cruce de miradas para entender que la tensión seguía ahí, intacta.

Yanina estaba en su rol circunstancial dentro del reality y Maru ocupaba una silla clave del jurado. La escena fue breve, pero cargada. Un silencio apenas más largo de lo habitual, una sonrisa contenida y ese clima espeso que se siente incluso desde la pantalla. Nada parecía casual.

“Me siento horrible de lo chiquita que me pongo cuando estoy frente al jurado”, admitió Yanina, dejando ver una vulnerabilidad poco habitual en ella. La frase, dicha casi al pasar, expuso algo más profundo que un simple nervio televisivo. Ahí, la historia previa pesaba.

El plato pasó por la devolución de Donato De Santis y enseguida llegó el turno de Maru. Con una sonrisa tirante, lanzó la pregunta que cortó el aire: si el plato tenía nombre. Yanina respondió con ironía: “Hoy soy puro humo”. La frase arrancó algunas risas, pero no alivió del todo el clima.

Maru evaluó con corrección técnica, sin levantar la voz ni exagerar gestos. Marcó lo que hubiera cambiado, preguntó si había referencias ajenas en la receta y cerró con un “muy bien” seco, sin agregado emocional. Profesional, sí. Cálido, no tanto.

Detrás de ese intercambio medido late una historia vieja. Desde la época de la facultad, los cruces públicos, las desmentidas y las respuestas durísimas que ambas se dedicaron con los años. El reencuentro no buscó saldar cuentas, pero tampoco logró disimularlas.

En cámara no hubo estallido. Solo algo más incómodo: la confirmación de que, aunque el tiempo pase y los roles cambien, hay tensiones que no se diluyen tan fácil. Y esta vez, se notó.

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