Un micrófono abierto, una frase al pasar y una incomodidad que se sintió en todo el estudio.

Yanina Latorre protagonizó uno de esos momentos que la televisión en vivo no perdona. Fue en Sálvese quien pueda, su programa en América, mientras analizaban un vínculo que venía generando rumores desde hacía semanas. Todo parecía una charla más, hasta que una frase dicha sin pensar cambió el clima en segundos.
El gesto fue mínimo. La frase, contundente. Y el silencio que siguió lo dijo todo. Yanina habló con naturalidad, casi en tono cómplice, sin advertir que su micrófono seguía abierto. “Obvio que están juntos, me lo confirmó Wanda”, lanzó. Nadie en el piso reaccionó de inmediato. Las miradas se cruzaron. El aire se volvió espeso.
La incomodidad duró apenas unos segundos, pero quedó flotando. Cuando Yanina Latorre se dio cuenta de lo que había dicho, ya era tarde. Intentó frenarlo, corrigió, se mostró sorprendida por su propio desliz. “No, no puede ser”, llegó a decir, con una mezcla de risa nerviosa y arrepentimiento genuino.
En el estudio, Daniel Ambrosino buscó bajar la tensión con humor. “Estás cansada, Yanina. Es muy viernes”, comentó. Pero el comentario ya había salido al aire y el rumor que circulaba en voz baja acababa de tomar otra dimensión. No hubo vuelta atrás.
Minutos después, la conductora se hizo cargo. Pidió disculpas, incluso con ironía. “Perdón, Wanda, justo que nos amigamos. Apagá el teléfono”, dijo entre risas, reconociendo que se le había escapado una charla privada. También explicó el contexto: muchas horas al aire, cansancio, y esa frontera difusa entre el off y el vivo que a veces juega malas pasadas.
El episodio dejó expuesta una tensión conocida en la farándula: cuánto de lo que se dice en confianza termina siendo contenido sin querer. Yanina Latorre, acostumbrada a manejar información sensible, quedó esta vez del otro lado. Y el micrófono abierto fue el protagonista silencioso de una escena que ya quedó para el archivo.









