Una foto familiar volvió a encender un conflicto viejo y dejó al descubierto una incomodidad que nadie logró disimular.

La imagen apareció en medio de las fiestas, sin grandes anuncios. Un nene sonriente, un disfraz futbolero y una camiseta que no pasó desapercibida. Pero lo que parecía un gesto inocente terminó generando ruido. Y mucho. Porque esa postal de Amancio, el hijo de la China Suárez, caracterizado como jugador del Galatasaray, activó una lectura inevitable: la tensión con Benjamín Vicuña volvió a quedar sobre la mesa.
En redes, el debate fue inmediato. Hubo quienes lo tomaron como una simple elección estética, otros como una chicana innecesaria y algunos directamente como una provocación. La escena se multiplicó en X, con opiniones cruzadas y una pregunta flotando: ¿era solo un regalo o había algo más detrás?
En ese contexto, Yanina Latorre decidió no callarse. Fiel a su estilo directo, definió el gesto con una sola palabra: “demencial”. El mensaje fue breve, sin vueltas, pero suficiente para volver a ponerla en el centro de la polémica. No explicó demasiado ni buscó matices. La reacción fue tan frontal como previsible.
Un gesto que incomodó a todos
La incomodidad no pasó solo por el regalo en sí, sino por lo que simboliza. La China Suárez y Benjamín Vicuña arrastran una relación tensa desde hace tiempo, marcada por exposiciones públicas, silencios llamativos y decisiones que siempre terminan interpretándose. En ese marco, la camiseta del Galatasaray fue leída por muchos como algo más que una elección infantil.
No es la primera vez que se señala a la actriz por “mimetizar” a sus hijos con sus parejas del momento. Esa percepción volvió a aparecer con fuerza y alimentó el debate. Lo que llamó la atención es que, esta vez, el foco no estuvo en una declaración, sino en una imagen.
El cruce con Yanina tampoco es nuevo. De hecho, la China Suárez la llevó a la Justicia por comentarios previos que consideró agravantes y parte de una violencia mediática. Por eso, el calificativo volvió a encender una relación ya desgastada.
El clima quedó cargado. Sin escándalo explícito, sin gritos ni descargos largos. Solo una foto, una palabra dura y una tensión que, lejos de apagarse con las fiestas, volvió a quedar expuesta.









