Victoria Olivera abrió el corazón sobre lo que significó crecer en una familia famosa y encontrar quién quiere ser sin cargar expectativas ajenas.
Victoria Olivera, hija de Mónica Ayos y Diego Olivera, atraviesa una etapa crucial: descubrir qué quiere para su vida mientras deja atrás la presión de haber crecido dentro de una familia reconocida. Con apenas 21 años, habló con una sinceridad poco habitual sobre el peso de su apellido y las dudas que la acompañaron durante años.
Desde muy chica estuvo rodeada de cámaras, sets y entrevistas. Mónica Ayos y Diego Olivera llevan más de dos décadas juntos y construyeron uno de los hogares más sólidos del ambiente artístico. Pero con esa estabilidad también llegó algo inevitable: la fama que los rodea se trasladó a sus hijos, Federico y Victoria. Él ya consolidó una carrera actoral en México. Ella, en cambio, decidió avanzar con más calma y escuchar su propio deseo.

Una búsqueda personal lejos del mandato familiar
Victoria contó que siempre sintió que la actuación “estaba ahí”, esperándola. En una entrevista con ¡Hola! Argentina dijo que quería estudiar teatro y ver si realmente era su vocación. Sin embargo, también reconoció que en su interior había otra pasión incluso más fuerte: la música. “Amo cantar y estudio piano desde hace años. Es donde me siento más cómoda”, explicó.
Su vida transcurre entre Ciudad de México y Miami, ciudades donde sus padres tienen compromisos laborales. Allí divide su tiempo entre clases, arte y redes sociales, donde supera los 67 mil seguidores en Instagram y más de 27 mil en TikTok. En esas plataformas explora su faceta actoral, crea contenido propio y muestra una identidad que va construyendo a su ritmo.

El peso del apellido y la necesidad de afirmarse
A fines de 2024, Victoria habló en el programa Circo Beach sobre algo que pocas veces se dice: “A veces me incomodaba que me reconocieran solo por ser la hermana de Fede”. También admitió que durante mucho tiempo sintió que debía esforzarse más “por venir de esta familia”. Con el tiempo aprendió a silenciar esa voz: “Estoy acá para descubrir si realmente me gusta esta profesión”.
El cariño de su mamá también forma parte de este proceso. Cada cumpleaños, Mónica Ayos le dedica mensajes donde celebra su crecimiento y la relación que mantienen. Ese vínculo cercano se ve reflejado en redes, donde ambas comparten fotos que muestran cuánto se parecen y cómo se acompañan.
Victoria Olivera avanza con una certeza nueva: quiere construir su camino desde el deseo propio, no desde las expectativas heredadas.









