El adolescente que disparó en la escuela tenía una cuenta activa con contenido extremo. Videos de masacres, frases sobre la muerte y usuarios que lo alentaron después del ataque.

El pibe de 15 años que entró armado y disparó en la escuela Mariano Moreno no apareció de golpe. Mientras en San Cristóbal lo veían como “tranquilo”, en redes llevaba tiempo construyendo otra cosa bajo un alias que varios ya identificaban.


Su perfil no tenía mezcla. Era siempre lo mismo: videos de masacres, fragmentos de ataques reales y referencias a tiradores conocidos. No miraba ese contenido de paso. Lo repetía, lo guardaba y lo volvía a subir, como si fuera parte de su rutina.

Después del ataque, esa cuenta cambió de significado. Lo que antes era un perfil más dentro de internet, se llenó de mensajes que hoy incomodan. “Héroe”, “ídolo”, “necesitamos más como vos”. No fue uno solo: fueron varios, en distintas publicaciones.

Ese respaldo convivía con lo que él mismo escribía. En uno de sus posteos dejó una frase directa: “Creo que solo encuentras paz en la muerte”. No era una cita suelta. Encajaba con todo lo que venía mostrando.
En paralelo, había otra señal. Sus abogados confirmaron que se autolesionaba. En algunos videos se lo veía apagándose un cigarrillo en el brazo, una escena que circulaba dentro de su propio perfil.
EL DATO QUE INQUIETA Y CAMBIA TODO
En la reconstrucción del caso aparece un punto que rompe con lo esperable. No había pelea previa. No había un objetivo puntual dentro del aula.
El disparo no fue dirigido. Según los investigadores, gatilló sin mirar a quién tenía adelante. Ese detalle es el que más pesa hoy. No fue una reacción ni una venganza: fue un plan calcado de los videos que consumía.

El contexto termina de completar la escena: padre ausente con consumo problemático, madre con licencia psiquiátrica y un adolescente en tratamiento. Todo eso convivía con una vida online donde la violencia no solo estaba presente, sino que también encontraba respuestas.

Las publicaciones no estaban ocultas. Los mensajes tampoco. Estaban ahí, circulando, sumando reacciones. Lo que nadie frenó en una pantalla terminó pasando en un aula, con señales que ahora se leen distinto.








