Dejaron a sus hijos para ir a un casamiento y nunca regresaron. Un mensaje de texto fue la única pista antes de que la corriente decidiera el destino de la pareja.

Lo que debía ser una noche de descanso y celebración para Solana Albornoz y Mariano Robles terminó siendo el centro de una noticia que todavía no deja de doler en Tucumán.
Ella tenía 32 años y trabajaba en la Casa de Gobierno; él, de 28, era empleado de la Caja Popular. Jóvenes, con proyectos y una rutina centrada en sus dos hijos.

Aquella noche, Roma y el pequeño Nicanor se quedaron en casa bajo el cuidado de una niñera, esperando el beso de sus padres al despertar. Ese encuentro nunca ocurrió.
La pareja asistió a un casamiento en Tafí Viejo y, al terminar, se subieron a su Nissan Versa blanco para emprender el regreso bajo una lluvia que empezaba a castigar la zona.

En un momento del trayecto, el agua dejó de ser una molestia para convertirse en una amenaza real. Sin embargo, hubo un último intercambio de palabras.
EL MENSAJE QUE CAMBIÓ EL RITMO DE LA BÚSQUEDA
A través de sus teléfonos, Solana y Mariano llegaron a avisar que estaban frenados, esperando que el nivel del agua bajara para poder seguir camino a casa.
Había calma en ese mensaje, la misma calma que precede a lo inevitable. Después de eso, el silencio absoluto y una incertidumbre que duró horas.

Cuando la luz del día permitió ver el desastre, los rescatistas localizaron el vehículo volcado dentro de un canal de riego, lejos de la calzada original.
Al abrir lo que quedaba del auto, las autoridades se encontraron con una escena que resume el terror de esos últimos minutos: estaban abrazados.

La fuerza de la correntada fue tan brutal que no les dio tiempo a reaccionar. El habitáculo se convirtió en una trampa de la que no existía salida posible.
Tucumán hoy intenta acompañar a esos dos chicos que se quedaron sin sus padres, víctimas de una tormenta que no dio segundas oportunidades.








