Sebastián Estevanez y la decisión que cambió su rutina diaria

Lejos del ruido del prime time, el actor habló de su presente, su familia y un cambio de vida que eligió sin estridencias, pero con convicción.

Durante años, Sebastián Estevanez fue una presencia fija en la televisión argentina. Galán de ficciones intensas, protagonista de historias que marcaban el ritmo del horario central. Hoy, su escena cotidiana es otra. Más silenciosa, más doméstica, pero igual de activa. Y, sobre todo, atravesada por una decisión personal que ordenó su vida desde otro lugar.

En una charla distendida con Héctor Maugeri para +CARAS, el actor contó que gran parte de sus días transcurren en su casa, enfocado en proyectos inmobiliarios y en la remodelación de propiedades. “Me gusta reciclar casas”, explicó, casi con entusiasmo, mientras describía un mundo nuevo que lo atrapó más de lo que imaginaba: materiales, proveedores, decisiones de obra, tiempos reales.

En ese contexto surgió una comparación inevitable con el personaje de Guillermo Francella en El Encargado. Estevanez se permitió la broma, pero marcó una diferencia clara: habló de honestidad y transparencia como valores que hoy siente propios. No como pose, sino como una forma de pararse frente a la vida. “Me parece que es mi función”, dijo, casi en tono reflexivo.

Priorizar sin anestesia

El corrimiento de la actuación no fue casual ni liviano. Estevanez explicó que necesitaba estar más presente en la vida cotidiana de sus hijos. Nombró escenas simples, pero decisivas: actos escolares, cumpleaños, llevarlos y buscarlos, verlos jugar, acompañar a Francesca en el baile, compartir tiempo real con Valentino y Faustino. Todo eso que el ritmo de las grabaciones muchas veces le quitaba.

“Dejé lo que me gustaba, y eso duele”, admitió, sin dramatizar. Pero enseguida dejó en claro que la elección valió la pena. Maugeri, que conoce su historia personal, destacó el sostén familiar que construyó, y el actor lo asumió con gratitud.

Aunque hoy su presente esté lejos de los sets, la actuación no desapareció del todo. Dijo que la extraña, que incluso la sueña. Para ordenar ese proceso, contó que hace terapia. No desde el conflicto, sino como una herramienta para acomodar etapas. Y dejó una puerta entreabierta: quizás, más adelante, una obra de teatro.

Por ahora, entre planos, ladrillos y rutinas familiares, Sebastián Estevanez eligió medir el éxito de otra manera. No en rating, sino en presencia. Y en esa decisión, encontró un equilibrio que siente propio.

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