La artista atravesó la madrugada del Año Nuevo con una pérdida íntima y un mensaje que expuso su tristeza más profunda.

La madrugada del 1° de enero encontró a Sandra Mihanovich lejos de cualquier celebración. Mientras el año recién empezaba para muchos, ella se detenía frente a una ausencia que pesaba demasiado. Con una foto y pocas palabras, contó lo que le estaba pasando: “No paro de llorar”. Así despidió a Pepita, su gata y compañera incondicional durante años.
El mensaje fue directo, sin rodeos. “Se termina el año y con él se fue Pepita. Gracias por haber estado en nuestra vida. Te amamos”, escribió. La publicación apareció cuando todavía era de noche, en ese momento en que el silencio amplifica todo. No hubo explicación extensa ni contexto forzado. Solo una despedida sincera, de esas que salen cuando el dolor todavía está fresco.
Pepita había llegado a su vida siendo una cachorra y con el tiempo se volvió parte del pulso diario de la casa. No era una presencia decorativa ni una mascota más. Tenía carácter, tiempos propios y una manera muy clara de marcar límites. Sandra solía contar que era Pepita quien decidía cuándo recibir caricias, un gesto mínimo que hablaba de respeto y de un vínculo construido sin imposiciones.
En esa rutina también estaba Zamba, la labradora negra de la familia. Las escenas entre ambas eran parte del anecdotario íntimo que la cantante compartía con cariño: Pepita ocupando los mejores lugares, incluso la cama de la perra, mientras Zamba se acomodaba donde podía. Situaciones simples, pero cargadas de sentido para quien las vivía todos los días.

Un mensaje que generó abrazo colectivo
Las respuestas no tardaron en llegar. Colegas, seguidores y personas que quizás nunca habían cruzado una palabra con ella dejaron mensajes de apoyo. Porque la pérdida de un animal querido se entiende sin demasiadas explicaciones, y más aún cuando el dolor se muestra sin maquillaje.
Sandra atravesó muchos momentos difíciles a lo largo de su vida, varios a la vista de todos. Este, en cambio, fue distinto. Íntimo, doméstico, silencioso. Eligió compartirlo así, sin filtros, dejando que el afecto de los demás acompañara una ausencia que recién empieza a acomodarse. A veces, eso alcanza para no sentirse tan sola.









