La conductora apuntó contra una contradicción que, según ella, Flor repite cada vez que lanza una canción: pedir que no le pregunten por su vida privada mientras la vuelve parte del relato.

El comentario que encendió todo no fue una chicana ni una ironía al pasar. Fue una frase dicha con gesto serio y tono de advertencia. Sabrina Rojas no se detuvo en el conflicto personal ni en los viejos roces, sino en algo más incómodo: la manera en que Flor Vigna decide contar su historia cada vez que presenta nueva música.
La escena se dio al aire de Sálvese quien pueda, por América TV, luego de que la cantante se negara a dar una nota al programa. El motivo era simple, al menos en apariencia: quería hablar solo de su obra. La respuesta de Rojas, sin embargo, fue directa y dejó poco margen para la interpretación.
El límite que, para Sabrina, Flor vuelve a cruzar
Rojas aclaró desde el inicio que su crítica no pasaba por el vínculo con Luciano Castro, padre de sus hijos. El foco estuvo puesto en una contradicción que, según ella, se repite. “Si algo te angustia al punto de llorar y pasarla mal, entonces no lo hagas”, lanzó, en referencia a canciones y gestos que vuelven a poner en escena una historia ya conocida.
La frase no quedó flotando como opinión suelta. Sabrina la sostuvo con un razonamiento claro: no se puede pedir que los noteros hablen solo de música cuando el propio lanzamiento está atravesado por referencias personales que inevitablemente despiertan preguntas.
Arte, exposición y un mensaje que incomoda
Uno de los puntos que más ruido le generó a la conductora fue el mensaje que, entiende, se transmite hacia afuera. En especial cuando Vigna contó que había recurrido a ChatGPT para hablar de sus problemas personales. Rojas no lo dijo desde la burla, sino desde la preocupación.
“Eso me parece terrible”, afirmó, y explicó por qué: muchas chicas la siguen y toman esos gestos como referencia. Para ella, hay una diferencia entre usar el arte como canal de expresión y convertir conflictos íntimos en una vidriera constante mientras se pide distancia mediática.
La frase final que explicó por qué el tema sigue girando
El cierre de Sabrina fue, quizás, el más revelador del enfoque editorial que eligió. No habló de escándalos ni de peleas, sino de decisiones. “¿Por qué se habla de esto?”, se preguntó al aire, y ella misma se respondió: porque hubo una elección concreta que volvió a poner el tema sobre la mesa.
Según Rojas, si Flor hubiera tomado otra postura al promocionar su música, hoy la agenda televisiva estaría en otro lado. La mención a una remera con una frase provocadora funcionó como ejemplo de cómo un detalle mínimo puede reactivar un conflicto que, en teoría, se busca dejar atrás.
No fue un descargo emocional ni una catarsis televisiva. Fue, más bien, una crítica incómoda a una lógica que se repite: pedir silencio mientras se vuelve a hablar de lo mismo. Y esa tensión, lejos de cerrarse, parece seguir abierta.








