La ex Gran Hermano contó cómo la fama repentina la empujó a excesos, noches sin freno y una fragilidad que no supo ver a tiempo.

Romina Uhrig no buscó impactar. Habló bajito, con los ojos cansados y una sinceridad que incomodó. Este fin de semana, en una entrevista íntima, la ex participante de Gran Hermano decidió contar lo que le pasó después de salir de la casa: cuando la exposición fue total y la vida empezó a girar a un ritmo que no pudo manejar.
“Fue una caída, con mucho dolor”, dijo casi sin levantar la mirada. Y en esa frase quedó resumido todo. La fama llegó de golpe, con invitaciones, noches largas y una sensación de euforia constante que, con el tiempo, se transformó en vacío.
Romina explicó que, tras Gran Hermano 2022, se metió de lleno en un mundo nuevo para ella. “La noche”, lo llamó. Salidas intensas, gente que aparecía de golpe, propuestas que antes no existían. “En dos años hice más que en 35”, reconoció, dejando en claro cuán vertiginoso fue ese cambio.
La fragilidad detrás del brillo
En ese contexto, llegaron los consumos. Primero pastillas, después MDMA. No habló desde el morbo ni desde la provocación, sino desde el desgaste. “No quería salir si no tenía eso. Buscaba, buscaba… y me ponía agresiva”, confesó, visiblemente emocionada, en diálogo con Infama, el ciclo que conduce Marcela Tauro.
Romina evitó dar nombres, pero sí dejó una idea clara: en ese ambiente, nada es tan gratuito como parece. “En el momento decís ‘gracias’ porque te invitan cosas. Todo es alegría. No querés que se termine más la noche”, contó. Después vinieron la depresión y los ataques de pánico.
Lo que más le dolió, según dijo, fue sentirse superada. “Siempre me creí fuerte. Pasé por cosas feas antes, pero esto no lo pude manejar”, admitió. Pensó en sus hijas, en la madre que es, y entendió que necesitaba ayuda.
El momento de pedir ayuda
La salida llegó de la mano de profesionales. Una amiga la acercó a un psiquiatra. La medicaron, la acompañaron. “Me vieron muy mal”, recordó. Incluso contó una escena que la marcó: una noche, en el programa Se Picó, **Gastón Trezeguet le preguntó si estaba bien porque la notaba distinta, más tranquila.
Hoy, Romina dice estar en otro lugar. Limpia, más consciente y con una calma que antes no tenía. No habló desde la victoria ni desde la épica. Solo desde la verdad.
A veces, detrás del éxito más ruidoso, hay silencios que pesan más de lo que se ve en cámara. Y Romina Uhrig decidió no callarlos más.








