El drama de Nazarena Vélez por deudas pendientes

En un móvil desde Carlos Paz, la actriz se permitió decir en voz alta algo que todavía pesa. No fue una confesión dramática, pero sí una de esas que incomodan por lo reales.

“Estoy vieja y abuela”. La frase salió casi sin énfasis, casi al pasar. Pero en el estudio de Infama, el ciclo que conduce Marcela Tauro por América TV, generó un silencio particular. No fue una frase lanzada para provocar. Sonó más bien como una verdad asumida.

Desde Carlos Paz, donde encabeza la obra Suspendan la boda junto a su familia, Nazarena Vélez habló de su presente sin rodeos. Contó que, a más de once años de la muerte de su marido, Fabián Rodríguez, todavía arrastra parte de las deudas que quedaron de aquella etapa. No hubo dramatismo en sus palabras. Tampoco victimización. Solo una realidad que sigue ahí.

Una vida que siguió, con cuentas abiertas

“Todos nos podemos morir mañana, entonces hoy la quiero pasar bien”, dijo. Habló de trabajar con su familia, de divertirse, de compartir tiempo con sus padres —que viajaron desde Puerto Madryn— y de una decisión que repite como mantra: competir solo consigo misma. En ese repaso, dejó en claro que el disfrute no siempre significa liviandad.

La actriz confirmó su regreso al panel de LAM y a su ciclo de streaming en Bondi Live. Explicó que esa vuelta también tiene un motivo concreto: necesita generar ingresos. “Tengo que recuperar un par de cosas”, afirmó, mientras proyectaba un futuro más tranquilo, incluso lejos del ruido mediático, en una posada en Brasil cuando llegue a los 60.

Prioridades, silencios y una acusación que no olvidó

En un momento, Nazarena se detuvo un poco más. Reconoció que durante estos años tuvo que elegir qué pagar y qué dejar para después. La casa, la obra social, los gastos cotidianos. “Había cosas que podían esperar”, explicó, sin arrepentimientos. Hoy, aseguró, está en paz con esas decisiones.

Antes de cerrar, lanzó una crítica dura contra Evelyn von Brocke, a quien cuestionó por haberla acusado públicamente de una deuda laboral que, según recordó, fue desmentida por la Asociación Argentina de Actores sin que hubiera una disculpa posterior. “Lo que hizo fue horrible”, sentenció, sin bajar el tono.

Nazarena no buscó dar lecciones ni generar lástima. Simplemente habló. Y en ese gesto, sin exageraciones ni golpes bajos, dejó flotando una sensación difícil de esquivar: hay historias que no se cierran con el tiempo, y cargas que siguen acompañando, incluso cuando la vida vuelve a ordenarse.

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