El actor falleció en Madrid y la confirmación llegó con palabras simples y profundas. Un adiós en paz para una vida atravesada por el arte y el escenario.
La noticia se conoció en las primeras horas de este sábado y fue imposible de leer sin una pausa. Murió Héctor Alterio a los 96 años en Madrid, la ciudad donde había elegido vivir durante las últimas décadas. La confirmación llegó desde la Academia de Cine de España y rápidamente empezó a circular entre colegas, actores y espectadores que crecieron con sus películas.
Alterio tenía una manera muy particular de atravesar el tiempo: sin estridencias, con trabajo. Incluso en sus últimos años seguía arriba del escenario, activo, concentrado en lo que siempre fue su lugar. Ese detalle, casi silencioso, dice mucho de cómo eligió despedirse.
El comunicado de la familia
Poco después de conocerse la noticia, Pentación Espectáculos difundió un mensaje firmado por la familia Alterio-Bacaicoa. Sin entrar en causas médicas ni explicaciones extensas, el texto fue directo y sereno: “Se fue en paz después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte”. No hubo más. Y eso también llamó la atención.
Desde su entorno remarcaron que no arrastraba una enfermedad conocida y que la decisión fue preservar la intimidad. En el contexto de la muerte de Héctor Alterio, ese silencio elegido terminó siendo coherente con su forma de vivir: sin exposición innecesaria, con respeto.

Una carrera que marcó época
Nacido en Buenos Aires en 1929, debutó como actor en 1948 y nunca se detuvo. El quiebre llegó en los años 60 y, desde entonces, su nombre quedó ligado a títulos fundamentales del cine argentino. La tregua, Camila y La historia oficial forman parte de una filmografía que trascendió fronteras y generaciones.
En 1985, con La historia oficial, fue parte de un hecho histórico: el primer Oscar para una película argentina. Años más tarde, El hijo de la novia volvió a ponerlo en el centro de la escena internacional, esta vez junto a Ricardo Darín.
La muerte de Héctor Alterio no solo cierra una etapa del cine argentino. Deja la sensación de haber visto a un actor que nunca se corrió de su vocación. Y eso, en tiempos de ruido constante, también es una forma de legado.








