A casi tres meses detenida, la hija de Jorge Rial sumó una rutina inesperada dentro del penal. El dato se conoció mientras su defensa cambia de estrategia.

Morena Rial atraviesa días distintos dentro del penal de Magdalena. Lejos del ruido mediático que siempre la rodeó, su realidad sumó en las últimas horas un giro que llamó la atención incluso entre quienes siguen de cerca su causa: comenzó a trabajar dentro de la cárcel.
El dato se conoció en televisión y fue confirmado con precisión. Morena arrancó con tareas administrativas en el área de admisión del penal. Cumple horarios formales, de mañana y de tarde, en una rutina que contrasta fuerte con la imagen pública que ella misma construyó durante años. “Arrancó hoy”, detallaron al aire, casi como marcando un punto de quiebre.
Este cambio cotidiano ocurre mientras su frente judicial también se reordena. Días atrás, Alejandro Cipolla anunció que daba un paso al costado y la defensa quedó reforzada con la incorporación del abogado Marcelo D’Angelo, junto a Martín Leiro. La nueva estrategia apunta a presentar un recurso de casación para insistir con la prisión domiciliaria, aunque las posibilidades no aparecen como altas.
En DDM, el periodista Martín Candalaft aportó contexto clave sobre el escenario legal y los tiempos del expediente. Morena no se opuso a la elevación a juicio, pero hay otros imputados en la causa, y eso podría estirar el proceso más de lo esperado. Todo avanza lento, mientras ella permanece detenida.
Un contraste que incomoda
El trabajo dentro del penal no pasó desapercibido por un motivo puntual. Años atrás, Morena había quedado en el centro de la polémica por una frase que muchos todavía recuerdan. En una entrevista, había dicho que no iba a trabajar en un supermercado porque su padre “no la crió para eso”. Esa declaración hoy vuelve como un eco incómodo.
La escena actual es otra. Morena Rial cumple horarios, tiene tareas asignadas y transita una rutina marcada por reglas ajenas y tiempos estrictos. No hay cámaras ni redes sociales mostrando el día a día. Solo una realidad mucho más silenciosa.
Mientras su causa sigue su curso y la estrategia legal se redefine, este nuevo rol dentro de la cárcel parece marcar algo más que una ocupación. Es, al menos, una señal de cambio forzado, de adaptación a un contexto que la obliga a correrse de todo lo que conocía.








