El día que todos notaron cuánto creció el hijo de Jimena Barón

De aquel nene que enterneció a la televisión a un preadolescente con estilo propio. Un cambio simple que dejó mucho más a la vista.

El día que todos notaron cuánto creció el hijo de Jimena Barón

El impacto no vino de una frase ni de un anuncio especial. Llegó en forma de imagen, casi sin aviso. Un video corto, una visita a la peluquería y una sensación compartida por miles: el hijo de Jimena Barón ya no es aquel nene que el público recuerda.

Momo tenía apenas dos años cuando apareció por primera vez en televisión, en el estudio del Bailando. Aquella noche de 2015 quedó grabada en la memoria colectiva: Marcelo Tinelli lo recibió con ternura, el público sonrió y el pequeño, sin decir demasiado, se robó todas las miradas. Fue uno de esos momentos simples que terminan volviéndose inolvidables.

Hoy la escena es otra. Con 11 años, Momo atraviesa una etapa distinta, más silenciosa pero igual de elocuente. Aparece seguido en las redes de su mamá, en situaciones cotidianas, familiares, sin poses ni golpes de efecto. Justamente por eso, su reciente cambio de look sorprendió tanto. Pelo corto, sin patillas, nuca rapada. Un gesto mínimo que, para muchos, marcó algo más profundo: el fin de la infancia tal como se la recordaba.

Jimena Barón lo mostró con naturalidad, casi como quien comparte una escena más del día a día. Pero detrás de esas imágenes se filtró una emoción difícil de esquivar. Momo estaba contento con el resultado. Ella también, aunque con esa mezcla inevitable de orgullo y nostalgia que aparece cuando los hijos crecen sin pedir permiso.

Un crecimiento que va más allá de lo físico

El cambio no fue solo estético. En las últimas semanas, Momo también llamó la atención por una idea propia: vender pulseras durante las vacaciones para generar su propio ingreso. Fue el mismo chico quien pidió que le plastificaran el alias. Jimena, fiel a su estilo, acompañó la iniciativa con humor y apoyo, haciéndose cargo de la logística y el capital inicial.

No hubo discursos ni bajadas de línea. Solo un gesto que dice mucho: dejar que crezca, que pruebe, que se equivoque si hace falta. Así, sin grandes anuncios, Momo sigue avanzando a la vista de todos. Y esta vez, el impacto no estuvo en lo que dijo, sino en lo que mostró.

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