La actriz compartió un testimonio íntimo sobre un diagnóstico que la atravesó en silencio y marcó su año. Un relato crudo, sin filtros, que conmovió a miles.

No lo contó desde el golpe bajo ni desde la exageración. Lo hizo desde un lugar honesto, casi incómodo. Miriam Lanzoni eligió cerrar el año con una confesión personal que sorprendió a sus seguidores: fue diagnosticada con psoriasis y atravesó meses difíciles, tanto en lo físico como en lo emocional.
El relato llegó a través de un reel donde mostró el proceso completo. Desde las primeras ronchas en el cuerpo hasta el tratamiento y la recuperación. Pero lo que más impactó no fueron las imágenes, sino las palabras. “Por momentos me costaba mirarme”, escribió, al recordar días en los que sentía que tenía “más lesiones que piel sana”.
La actriz habló de noches enteras sin dormir por la picazón, de tener que descansar envuelta en film para aliviar el dolor, y de decisiones duras: suspender trabajos porque no había forma de disimular lo que le estaba pasando. “Era impensado hacerlo con esto como parte mía”, admitió, sin rodeos.


Un proceso que dejó huella
Lanzoni también puso en palabras algo que suele quedar escondido: la vergüenza. Dijo que le costaba que la vieran en esa versión y que ese sentimiento fue, paradójicamente, uno de los grandes aprendizajes del año. “Hoy es lo que más agradezco”, señaló, con una reflexión que corrió el foco del cuerpo hacia la autoestima.
En su mensaje explicó que su tipo de psoriasis tiene origen emocional y está directamente ligada al estrés. Reconoció que parte de la sanación fue reaprender, frenar, mirarse con más piedad y menos exigencia. Un proceso que, según contó, la llevó a lugares muy oscuros, pero también a conocerse mejor.
El cierre fue de gratitud. Para su médica, a quien destacó no solo por el tratamiento sino por la humanidad, y para la experiencia en sí, que la obligó a bajar la guardia. Sin moralejas ni frases armadas, Miriam Lanzoni dejó un testimonio que incomoda, pero acompaña. Porque habla de algo que muchos viven en silencio y pocos se animan a decir en voz alta.








