El estilista habló del dinero perdido, del estado crítico de su hogar y del impacto personal que todavía intenta procesar.

Miguel Romano no habla desde el enojo, sino desde un cansancio profundo. La voz se le vuelve más baja cuando describe cómo quedó su casa después de una obra que nunca terminó. No es solo una cuestión de plata: es la sensación de habitar un lugar que ya no reconoce del todo.
El histórico estilista, íntimamente ligado a Susana Giménez, atraviesa un momento personal difícil luego de haber sido víctima de una estafa millonaria durante refacciones en su vivienda. Según contó, perdió alrededor de 34 millones de pesos y hoy su casa presenta sectores prácticamente inutilizables.
La situación se hizo pública en A la Tarde, el ciclo que conduce Karina Mazzocco, donde se detalló que Romano había entregado grandes sumas de dinero a una arquitecta que nunca finalizó los trabajos.
“Me encierro en la cocina y en mi dormitorio”, dijo, sin dramatizar pero con crudeza. Y agregó una frase que resume su desconcierto: “Es increíble que haya gente de esa calandria”. Contó que el día en que la mujer retiró el dinero él no estaba en la casa, sino su hija. “Se llevó muchos millones”, remarcó.
Un daño que no sería aislado
Durante el programa, la panelista Débora D’Amato aportó un dato que agravó la situación: existiría un grupo de Facebook con otras personas que habrían sido estafadas por la misma profesional. Romano lo confirmó enseguida. “No fui solamente yo, hay gente en la misma situación”, afirmó, y explicó que había llegado a ella por recomendación de alguien cercano, que también terminó perjudicado.
Más allá del golpe económico, Romano fue claro en algo: no piensa irse de su casa. Ese espacio, hoy dañado, sigue siendo su refugio. “Este es mi lugar en el mundo”, dijo. Allí vivió toda su vida con su esposa, Mercedes, y hoy comparte el día a día con su hija.
Incluso en medio de la pérdida, eligió aferrarse a eso. “Yo acá soy muy feliz con mis amigos y amigas”, repitió. La casa está rota. La confianza también. Pero Romano, al menos por ahora, decidió quedarse. Y empezar, de a poco, a reconstruir.








