El conductor enfrentó la polémica por Luca, cuestionó el nivel de violencia discursiva y apuntó con dureza a Eduardo Feinmann.

El clima era tenso y se notaba desde el primer segundo. Matías Martin se sentó frente a las cámaras de LAM sin rodeos, con una incomodidad que no intentó disimular. No fue a justificar lo injustificable ni a correr el foco: fue a defender a su hijo y a marcar un límite claro frente a lo que considera una escalada de violencia que se fue de las manos.
Todo se desató a partir de un comentario irónico de Luca Martin sobre la edad de Chiche Gelblung. Una frase que, amplificada por redes y programas, dejó de ser una chicana juvenil para transformarse en un blanco fácil. El punto de quiebre llegó cuando Eduardo Feinmann intervino desde X con una expresión que generó rechazo inmediato y generalizado.
“Eso es filo nazi”, dijo Matías sin eufemismos. No levantó la voz, pero el mensaje fue directo. Para él, hablar de ADN, genes y “seres de mierda” no es solo un exceso verbal: es una forma de violencia discursiva que remite a ideas históricamente peligrosas. Ahí, según su mirada, la discusión dejó de ser sobre un error puntual y pasó a otro plano.
Reconoció que su hijo se equivocó. Lo dijo claro, sin relativizar. Pero también marcó una diferencia que sostuvo durante todo el móvil: una cosa es un comentario fuera de lugar y otra muy distinta es el castigo desmedido que vino después. “La desproporción fue absoluta”, remarcó, visiblemente afectado.
En un pasaje que dejó una marca más íntima, contó cómo atraviesa esta situación puertas adentro. Habló de charlas constantes, de una cena reciente, de estar “codo a codo” con su hijo. No como figura pública, sino como padre. También aclaró que no piensa resolver conflictos por redes ni en televisión: prefiere el cara a cara, lejos del ruido digital.
El episodio sumó más voces, más tensión y más exposición. Pero el eje ya estaba claro. Para Matías Martín, el límite no pasa por una ironía mal medida, sino por el tipo de discurso que se habilita después. Y esta vez decidió decirlo sin vueltas.








