En una charla íntima, una frase médica volvió a abrir un silencio difícil de nombrar. No fue una explicación: fue algo que quedó resonando.

El recuerdo aparece sin rodeos. Maru Botana baja la voz, se toma un segundo y lo dice. No hay énfasis ni lágrimas exhibidas. Hay una frase que volvió a ese lugar donde el tiempo no ordena nada y el dolor no se acomoda. La contó en La sesión, el ciclo de la psicóloga Sofi Calvo, mientras hablaba de Facundo, su hijo, fallecido en 2008 con apenas seis meses.
“Es un tema súper abierto en nuestra familia”, dijo. Y ese “abierto” no suena a resuelto. Suena a algo que se nombra para no dejarlo solo. Facundo murió en la casa de sus abuelos, cuando ella había viajado unos días al sur con su pareja y el resto de sus hijos. Ese detalle vuelve cada vez, como una escena fija. “Les quedó una marca muy fuerte”, explicó sobre sus padres. Aunque se hable, hay marcas que no se mueven.
Maru fue clara en algo que suele quedar atrapado en miradas ajenas: no sintió culpa por haberlo dejado. Sí, en cambio, una sensación rara, retrospectiva, de cosas que no cerraban del todo con la salud de Facundo. “De no haberlo escuchado”, dijo. Y contó una frase que le dolió escuchar de su hijo mayor, Agustín: “¿Por qué lo dejaste?”. No como reproche, sino como pregunta sin manual.
Luego aparece el otro lado, el que también pesa. “Lo dejé en las mejores manos”, explicó. Su padre era médico, intentó reanimarlo. “Se hizo todo”, repitió. Esa certeza no consuela, pero ordena un poco el caos. “Tenía que suceder”, agregó, sin buscar convencer a nadie.
La frase que quedó
En el inicio del duelo, Maru buscó ayuda de distintas maneras. En ese camino, una profesional le dijo algo que todavía hoy incomoda por lo directo: “Era obvio que se iba a morir cuando vos no estés. Él buscó el momento para soltar”. No fue una respuesta. Fue una frase que quedó ahí, flotando.
En ese mismo tiempo, encontró sostén en un lugar inesperado: un blog llamado Fuerza Maru, creado por alguien a quien nunca conoció. Mensajes anónimos, palabras simples. “Lo leía cuando le daba de mamar a Facu. Fue como una cama elástica”, recordó.
No hay cierre para estas historias. Hay escenas que vuelven, frases que pesan y apoyos que sostienen. A veces, alcanza con eso.








