Marta Fort contó la particular exigencia de Ricardo Fort durante su infancia: “Yo lloraba”

La influencer recordó los mandatos estéticos que le imponía su padre de chica y cómo esa presión terminó moldeando la imagen que lleva hoy en día.

Marta Fort contó la particular exigencia de Ricardo Fort durante su infancia: “Yo lloraba”

Durante su paso por PH: Podemos Hablar, Marta Fort recordó cómo fue crecer junto a Ricardo Fort y sacó a la luz una serie de episodios de su niñez que terminaron marcando su relación con la apariencia física. La influencer, que tenía apenas 9 años cuando murió el empresario, rememoró las exigencias cotidianas que enfrentaba en su casa y la firme postura que imponía su padre en el día a día.

Según relató en el programa, la convivencia diaria incluía mandatos estéticos muy estrictos por parte del mediático, a tal punto que la llevaba obligada a distintos lugares para modificar su apariencia. “Yo lloraba y decía: ‘¡No, no quiero!'”, confesó al recordar la desesperación que sentía ante esos episodios donde su opinión no contaba.

El choque con su papá en la infancia

La exigencia no era un detalle menor dentro de la dinámica familiar. Incluso los propios profesionales que los atendían intentaban frenar la situación al considerar que era demasiado chica para someterse a esos tratamientos. Sin embargo, el empresario se negaba a dar marcha atrás. “No, no, no. Mi hija tiene que serlo”, repetía Ricardo ante las objeciones.

A continuación, el testimonio de la joven al recordar su infancia:

Aquella imposición que le provocaba llantos de chica era la obligación de teñirse el pelo. Ricardo Fort quería a toda costa que su hija fuera rubia y la llevaba a la fuerza a la peluquería para cambiarle el color morocho natural.

Con el paso de los años, Marta terminó adoptando de forma voluntaria la apariencia que su padre buscaba para ella. “Ahora soy rubia, me hice las tetas y tengo un par de retoques en la cara. Siento que terminé adoptando costumbres de gente que perdí”, reflexionó al analizar su cambio.

De los piercings al quirófano

La relación con su cuerpo atravesó distintas etapas. Aunque aclaró que nunca tuvo problemas de autoestima, reconoció que las opiniones ajenas terminaron influyendo en sus decisiones sobre las cirugías. “Fui gorda, fui flaca, tuve un montón de quilombos con mi físico. Terminás moldeándote a lo que te dice la gente. Yo soy el resultado de lo que juré destruir”, admitió sobre las intervenciones a las que de más chica aseguraba que jamás se sometería. De adolescente solía llevar el pelo oscuro y piercings en el rostro, una imagen opuesta a la que muestra hoy.

Más allá de los retoques estéticos, la influencer contó que afronta un panorama de salud delicado por las secuelas de una hemiparesia que padece desde su nacimiento, producto de una falta de aire momentánea en el lado izquierdo del cerebro. Esa condición neurológica afectó su pisada y le provocó una escoliosis de doble curvatura, motivo por el cual deberá viajar a Minnesota para someterse a una operación que la tiene atemorizada.

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