Así está hoy Manu, la hermana de Juana Viale con la misma enfermedad que su hijo

Un recuerdo de la adolescencia, una frase dicha sin dramatismo y una coincidencia familiar que volvió a poner la salud en primer plano dentro de los Viale.

Así está hoy Manu, la hermana de Juana Viale con la misma enfermedad que su hijo

Todo empezó con una escena simple, casi escolar. Leer en voz alta, perderse por segundos y volver sin entender bien qué había pasado. Así recuerda Manu Viale los primeros signos de una condición que, con el tiempo, marcaría su vida y hoy vuelve a resonar dentro de su familia.

En una entrevista brindada en 2024, Manu contó que a los 13 años comenzó a tener ausencias en el colegio. No lo percibía como algo grave. Recién más adelante entendió que esos episodios eran parte de una epilepsia que, años después, se manifestó de forma más clara con una convulsión a los 17, tras haber tomado alcohol.

Ese episodio fue un quiebre. A partir de allí, llegaron los cuidados, las indicaciones médicas y un cambio de mirada que no fue inmediato. Manu habló de enojo, de incomprensión y de esa sensación tan propia de la adolescencia en la que todo parece injusto. Con el tiempo, sin embargo, empezó a entender que su vida no estaba limitada, sino que necesitaba otros ritmos.

La historia tomó otra dimensión cuando apareció el punto en común con su sobrino Silvestre, el hijo de Juana Viale y Gonzalo Valenzuela, quien fue diagnosticado con epilepsia hace algunos años. El propio actor chileno habló en distintas ocasiones sobre el día a día de su hijo y la responsabilidad que implica convivir con la enfermedad.

Manu encontró similitudes claras en los cuidados: la medicación diaria, la importancia del descanso y los límites necesarios. También deslizó que podría tratarse de algo genético, al mencionar que su abuela paterna habría tenido la misma condición, aunque sin certezas absolutas.

Hoy, según contó, lleva una vida normal. Trabaja, se mueve con libertad y entiende que el mayor cuidado pasa por respetar el sueño y no forzar al cuerpo. Los estudios siguen mostrando actividad, pero eso no le impide vivir con naturalidad.

Sin golpes bajos ni discursos grandilocuentes, el testimonio de Manu vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchas familias atraviesan en silencio. Una historia que no busca dar lecciones, pero sí dejar una sensación que permanece después de leerla.

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