El último adiós a Luis Brandoni en la Chacarita dejó postales que se alejaron de los flashes habituales. Mientras un círculo íntimo sostenía la despedida, el vacío en ciertos sectores donde se esperaba ver a figuras de primera línea generó comentarios cruzados bajo la lluvia.

LA DESPEDIDA QUE MARCÓ EL FINAL DE UNA ERA
La mañana en el cementerio de la Chacarita no tuvo el despliegue protocolar que muchos imaginaban para un hombre de la trayectoria de Luis Brandoni. Bajo una llovizna persistente y un frío que calaba en los presentes, el Panteón de los Actores recibió los restos del artista en un clima de absoluta intimidad.
La figura de Carlos Rottemberg, amigo histórico de Beto, se convirtió en el eje de la jornada. Su decisión de no soltar el féretro durante el traslado, cargando con el peso del adiós junto al entorno más cerrado, marcó una de las imágenes más comentadas de la mañana. Fue la confirmación de una lealtad que trascendió los escenarios y las décadas.
LOS AUSENTES Y LAS PRESENCIAS QUE SORPRENDIERON
Mientras la ceremonia avanzaba, el foco se desplazó hacia la platea de asistentes. Si bien el ambiente artístico se volcó de manera contundente para despedir a un referente, la ausencia de figuras políticas de peso —a pesar de la faceta como ex diputado de Brandoni— fue el tema que flotó en el aire y generó miradas cruzadas entre quienes conocen los pasillos del poder.
En contrapartida, la presencia de personas de a pie, que se acercaron al cementerio para darle un último saludo al actor, transformó la dinámica del homenaje. Esa mezcla de gente común, colegas y amigos cercanos le dio al responso un tono terrenal, lejos del artificio mediático que rodea a otras figuras.
LA DEFINICIÓN QUE ROMPIÓ EL SILENCIO
Fue Mauricio Dayub quien, desde el lugar de los hechos y en diálogo con TN, terminó de poner en palabras lo que muchos sentían al ver el cortejo. El actor recordó a Brandoni como un hombre que se involucró «al cien por cien en todo lo que hacía» y resaltó su personalidad extrovertida, definiéndolo como un maestro para sus pares.
Al llegar al Panteón, el aplauso final estalló entre los presentes. Fue una ovación que intentó cubrir la lluvia, marcando el cierre de un ciclo donde las internas y las ausencias quedaron en segundo plano, frente a la figura de un hombre que, según sus allegados, cumplió con su deseo: quedar en el recuerdo de todos los argentinos.





