El cantante se abrió como nunca y reveló el drama de su enfermedad: 35 días internado y una fe que casi se apaga.
La voz de Luciano Pereyra se quebró al recordar el momento más duro de su vida. No fue un problema de cuerdas vocales, sino una complicación de salud tan severa que, según él, lo dejó «al borde de la muerte». La confesión, cargada de una emoción brutal, resonó en sus seguidores: la lucha del artista no fue solo física, sino también contra la desesperación.
El calvario de Pereyra comenzó con algo que parecía menor: un divertículo en el esófago. Sin embargo, la situación se agravó rápidamente, afectando sus pulmones y sumergiéndolo en un cuadro de gravedad extrema. Fueron 35 días de internación y 10 en coma farmacológico, un período donde el cantante reconoció que estuvo cerca de perder las ganas de seguir.
La fe en el medio de la tormenta
«En ese momento estaba perdiendo la fe,» reconoció el músico. Aun así, en la oscuridad de la internación, una voz interior le repetía una y otra vez: “aguantá, todo pasa”. Esa fuerza inexplicable, la «mano de Dios» que sintió a través del amor de su familia y amigos, se convirtió en su ancla.
Este momento de dolor absoluto, lejos de silenciarlo, terminó por inspirarlo. En medio de la angustia, nació uno de sus temas más emblemáticos: «Tu Mano». Una canción que hoy, al cantarla en vivo, le devuelve esa esperanza, viendo cómo la gente en sus shows se toma de las manos, creando un puente colectivo de sanación y afecto.
El regreso de Luciano Pereyra
Después de semejante trauma, muchos hubieran pensado en el retiro. Incluso el propio Luciano Pereyra dudó si volvería a cantar. El proceso de recuperación fue lento, sin presiones autoimpuestas, simplemente dejando que la vida y la música lo volvieran a encontrar.
Hoy, Pereyra no solo regresó a los escenarios, sino que lo hizo con una fuerza renovada y una perspectiva distinta sobre su vida. La experiencia le dejó cicatrices invisibles, pero también la certeza de que la luz puede volver, incluso después de tocar el fondo. Las oraciones, el amor de sus padres y esa red afectiva fueron tan vitales como la medicina en su increíble renacer.








