La conductora de Telefe recordó el momento exacto en el que todo podía caerse.
Una denuncia pública coincidió con la audiencia final y el expediente entró en una zona incómoda justo en la recta final.

Detrás del humor que sostiene cada mediodía en Telefe, Lizy Tagliani atravesó días donde sintió que todo podía desmoronarse en cuestión de horas. En una charla reciente, decidió contar qué pasó justo antes de la adopción de Tati, cuando el proceso estaba por definirse y apareció un conflicto que cambió todo.
El momento no era uno más. La Justicia estaba a punto de resolver la guarda definitiva del nene, el paso que iba a convertir formalmente en familia lo que ya era un vínculo construido con tiempo y exposición.
El día en que el expediente entró en una zona incómoda
El quiebre llegó en el peor momento posible: un día antes de la audiencia clave.
Según relató Lizy Tagliani, en ese contexto estallaron en televisión las denuncias de Viviana Canosa, con acusaciones de extrema gravedad. No fue solo ruido mediático: el tema circuló en paralelo a un proceso judicial abierto.
Ahí apareció el miedo real.
“Estaba a un día de la sentencia y corría el riesgo de que un nene, que todavía no era mi hijo legalmente, volviera a esa situación”, contó.
No era una sensación exagerada. Era la posibilidad concreta de que el contexto mediático generara dudas en el momento más sensible del expediente.
Mientras todo eso ocurría, Lizy Tagliani sostuvo su rutina frente a cámara. Pero puertas adentro la escena era otra.
La conductora llegó a contar que tenía que frenar el auto para llorar antes de entrar a su casa. Después, recomponerse en segundos para que el nene no percibiera lo que estaba pasando afuera.
La decisión que tomó para no poner en riesgo la adopción
En ese escenario, la reacción podía cambiar todo. Salir a responder o correrse.
Eligió correrse.
Según explicó, se apoyó en una idea que escuchó de Nazarena Vélez: cuando hay hijos de por medio, no todo se responde. Esa lógica le permitió sostener una línea clara en medio del conflicto.
Mientras el tema crecía en programas y portales, Lizy Tagliani decidió no exponerse más de lo necesario y concentrarse en el proceso judicial.
No fue una postura cómoda. Fue estratégica.
Cómo se resolvió el momento más delicado de la adopción
Finalmente, la audiencia se realizó y la adopción avanzó. Hoy, Tati forma parte de su vida de manera definitiva y la familia está consolidada.
Pero lo que pasó en esos días dejó una marca.
No fue una discusión más del espectáculo. Fue un cruce entre televisión y Justicia en un momento donde cualquier movimiento podía tener consecuencias reales.
Para Lizy Tagliani, ese tramo no fue mediático. Fue el punto en el que sintió que podía perder todo.
El caso expone una tensión que en el mundo del espectáculo se repite más de lo que se admite: cuando una denuncia mediática coincide con un proceso judicial abierto, el impacto deja de ser televisivo y pasa a tener consecuencias concretas. En este caso, lo que estuvo en juego no fue una carrera ni una imagen, sino la estabilidad de un chico y la construcción de una familia.








