El dolor que acompañó al Negro Oro hasta su muerte: la traición familiar que marcó su vida

Llegó a liderar el rating, firmar contratos millonarios y construir un imperio mediático, pero un quiebre desgarrador en su entorno más íntimo lo dejó sin nada de la noche a la mañana.

El dolor que acompañó al Negro Oro hasta su muerte: la traición familiar que marcó su vida

La muerte de Oscar González Oro, ocurrida este viernes 25 de septiembre a los 74 años, conmocionó al ambiente de los medios de comunicación. El locutor y conductor mendocino, emblema histórico de la radiofonía argentina con su clásico El Oro y el Moro, construyó una carrera brillante marcada por audiencias récord y popularidad. Sin embargo, detrás de ese enorme éxito profesional se escondía un episodio doloroso que transformó su realidad económica y afectiva.

Durante la etapa de mayor esplendor en Radio 10 y sus pasos por la televisión en Canal 9 y América, los ingresos de González Oro alcanzaron cifras de gran magnitud. La acumulación de propiedades, vehículos e inversiones llevó al conductor a delegar la administración de la totalidad de sus bienes y finanzas personales. Para esa tarea confió de manera absoluta en una persona de su sangre: su hermano mayor, Armando.

Una estafa que terminó en embargo y la pérdida de todo

El manejo financiero llevado adelante por su hermano derivó en una serie de negocios a espaldas del periodista que salieron mal y desencadenaron la quiebra absoluta de sus bienes. La crisis financiera alcanzó un punto crítico en la propia puerta de la emisora donde trabajaba, cuando un oficial de justicia se presentó para ejecutar un embargo.

“Me pagaba desde la luz y el gas hasta lo que te imaginas. Perdí todo, fui a la quiebra y hasta me embargaron el auto en la puerta de la radio. Vino un oficial de justicia y se llevó mi Audi A3”, relató en su momento el propio locutor al detallar la magnitud de la estafa. Mientras su asistente reaccionó con llanto ante la escena, el conductor prefirió mantener la calma frente al funcionario judicial y dejar que se llevaran el vehículo.

Del departamento en Recoleta al alquiler y el quiebre afectivo

Hacia el año 2008, tras haber consolidado su figura como el líder indiscutido de la audiencia radial, la crisis patrimonial lo obligó a desprenderse de sus propiedades, entre ellas su vivienda en el barrio porteño de Recoleta, teniéndose que mudar a un departamento alquilado sobre la avenida del Libertador. Más allá del impacto financiero y las pérdidas millonarias, González Oro remarcó siempre que el verdadero daño fue el desengaño moral provocado por su entorno familiar.

“La plata es plata y no me preocupa haber perdido tantos millones de dólares. Lo doloroso es que te defrauden tus afectos, tu sangre. El daño moral fue enorme”, expresó al reflexionar sobre el impacto que la situación tuvo en su vida y en la de sus hijos, Agustín y Pablo. Este último, aunque biológicamente era hijo de Armando, fue criado directamente por el locutor por motivos del ámbito privado.

El distanciamiento con Armando no fue el único en el plano familiar, ya que el conductor tampoco mantenía un vínculo fluido con sus otros hermanos, Pedro y Ricardo. Pese a remarcar que no existía una pelea abierta con ellos, prefirió no frecuentarlos y refugiarse en los lazos de amistad que cosechó a lo largo de los años, definiéndolos como los verdaderos hermanos que le dio la vida.

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