La separación sorprendió y, en pocas horas, sumó versiones que incomodaron a todos. Un nombre poderoso empezó a circular y cambió el clima alrededor de Juliana Awada.

La noticia cayó sin aviso y dejó un silencio raro, de esos que dicen más de lo que explican. Juliana Awada y Mauricio Macri confirmaron su separación después de 13 años juntos y, casi de inmediato, algo se desacomodó en el clima público. No hubo escándalo ni frases altisonantes. Apenas señales, gestos medidos y una frase que empezó a repetirse en voz baja: “se terminó el hechizo”.
La advertencia llegó primero desde la televisión. Un comentario al pasar, una alusión “para entendidos” y la sensación de que había algo más detrás del desgaste lógico de una pareja atravesada durante años por la exposición política. Poco después, las propias partes admitieron el quiebre y los rumores tomaron velocidad.
Al principio, las versiones apuntaron al cansancio. A los años, a las rutinas distintas, a la diferencia de edades. Macri, con viajes y actividades que lo mantenían lejos; Awada, buscando otro ritmo. Nada fuera de lo esperable. Pero ese escenario duró poco.
El nombre que empezó a sonar
En cuestión de horas apareció otro foco. Mientras a Macri lo vinculaban con Juana Viale, empezó a circular una versión paralela que puso el eje en Juliana Awada. Según se comentó en programas de espectáculos, ella estaría conociendo a un empresario argentino de peso internacional, ligado al mundo de las finanzas y radicado fuera del país.
No hubo fotos ni confirmaciones, pero sí un detalle que llamó la atención: los tiempos. Se habló de encuentros, de un vínculo en construcción y hasta de plazos posibles para hacerlo público. Demasiada precisión para un rumor que recién nacía.
El enero que muchos anticipaban calmo terminó cargado de tensión. En pocos días, la separación dejó de ser solo una noticia privada para convertirse en un tema que incomoda, interpela y abre preguntas.
Nada está confirmado. Todo se mueve en el terreno de las versiones. Pero el clima cambió. Y cuando eso pasa, suele ser porque algo real empezó a moverse detrás.
Por ahora, Juliana Awada guarda silencio. Un silencio que, lejos de cerrar la historia, la vuelve todavía más intrigante.








