A pocos días de su separación, la empresaria sigue adelante con nuevos proyectos que despiertan interés.

Juliana Awada atraviesa un momento de definiciones. A pocos días de confirmarse su separación de Mauricio Macri, la empresaria eligió no replegarse ni bajar el perfil. Por el contrario, siguió adelante con proyectos que venía gestando y que hoy cobran otro sentido. No hubo declaraciones rimbombantes ni gestos públicos de ruptura: hubo, más bien, una decisión silenciosa de seguir.
En su entorno aseguran que Awada está enfocada en lo que siempre fue su refugio: crear. La moda sigue siendo un eje central de su vida, un territorio que conoce desde hace años y donde construyó una identidad propia con su marca. Esa continuidad, lejos de lo político, aparece ahora como una forma de sostenerse en medio del cambio.
Pero no es lo único. En Uruguay, país donde pasa largas temporadas, Juliana Awada encontró un espacio para expandir su mirada estética hacia el diseño y la decoración. Allí impulsa iniciativas vinculadas al universo inmobiliario y creativo, con proyectos que se desarrollan en distintas zonas, especialmente en Rocha, una región que viene ganando protagonismo por su entorno natural y su perfil más calmo.

El movimiento más comentado llegó meses atrás, cuando sorprendió con una incursión directa en la gastronomía. En septiembre presentó su propio vino: Juliana Malbec, elaborado en el Valle de Uco, Mendoza, en alianza con Casa Petrini. El anuncio fue sencillo, sin estridencias, pero marcó un punto de inflexión. No era solo un producto nuevo: era una forma de ampliar su camino empresarial y poner su nombre en otro terreno.

Quienes la conocen dicen que este presente tiene menos exposición y más convicción. Lejos del rol institucional que supo ocupar como primera dama, Juliana Awada parece cómoda en una etapa donde las decisiones pasan por lo propio. Sin discursos ni gestos grandilocuentes, elige avanzar.

En medio de una separación que todavía resuena, Awada apuesta distinto. No como reacción, sino como continuidad. Y eso, en un contexto de quiebre personal, no es un dato menor.








