Un gesto mínimo, protagonizado por su hijo menor, tomó por sorpresa a la actriz y conmovió a miles en redes.

Juana Repetto no estaba esperando nada fuera de lo común. Era una tarde de pileta, de esas que se repiten sin agenda y sin solemnidad. Sin embargo, en medio de ese clima relajado, ocurrió algo que la descolocó por completo y que decidió compartir casi en tiempo real.
Belisario, su hijo de cuatro años, se acercó con absoluta seriedad, se arrodilló frente a ella y estiró la mano. En los dedos, un pequeño anillo de plástico. No hubo discurso ni preparación previa. Solo un gesto espontáneo, infantil y sincero, que Juana grabó sorprendida desde el celular. En el fondo, desde el agua, Toribio miraba la escena con antiparras, como si supiera que estaba pasando algo importante.
El video duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para generar una ola de reacciones. Lo que emocionó no fue el “qué”, sino el “cómo”: la naturalidad del momento, la concentración del nene, la risa contenida de Juana al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. “Nah, de la nada se me arrodilló con el anillo”, escribió ella, todavía incrédula. Después sumó otra frase que terminó de pintar la escena: dijo estar “desmayada” y le dedicó un “te amo, sos un capo” que cerró el círculo de ternura.
Un momento simple, en medio de semanas sensibles
El gesto llegó en un momento particular. Juana Repetto atraviesa la recta final de su embarazo y viene compartiendo con honestidad cómo vive estas semanas de reposo y controles médicos. En los últimos días contó que podrá continuar un mes más con reposo parcial, algo que le permite seguir en casa, acompañar a sus hijos y moverse con cuidado.
También habló del nerviosismo que le generan los estudios y de lo movilizante que está siendo este tramo, con los chicos sensibles y un clima emocional intenso. Por eso, el episodio con Belisario no pasó desapercibido: apareció como un respiro inesperado, un gesto de amor en medio de la espera.
Sin grandes anuncios ni vueltas, Juana dejó que el momento hablara solo. Y quizás ahí estuvo la clave: una escena mínima, real, que recordó que, a veces, lo más fuerte ocurre cuando nadie lo planea.








