Juan Alberto Mateyko y la frase que explicó su peor momento

Se fue lejos buscando aire y terminó encontrándose con algo más incómodo. Juan Alberto Mateyko recordó una decisión que marcó su vida y dejó una sensación que todavía resuena.

Juan Alberto Mateyko y la frase que explicó su peor momento

El que estaba mal era yo”. La frase no llegó como remate, sino como punto de partida. Juan Alberto Mateyko la dijo sin vueltas al repasar un tramo de su historia personal y profesional que prefirió no maquillar. En medio de una separación y sin claridad emocional, tomó una decisión drástica: dejar Buenos Aires y mudarse a Miami.

No habló de crisis del país ni de cansancio laboral. Habló de sí mismo. De un desorden interno que lo empujó a tomar distancia y probar otra vida. En ese tiempo se instaló con Palito Ortega y, junto a Norberto Román, armó una productora que funcionó. El trabajo estaba. La rutina también. Lo que no apareció fue el alivio.

Aunque no vivía mal en Miami, me sentía solo”, reconoció. Extrañaba lo cotidiano: su familia, su casa construida con años de esfuerzo, las charlas simples. La distancia empezó a desgastar el vínculo de pareja y la comunicación, en una época sin la inmediatez de hoy, se volvió escasa. Lo que al principio fue un cambio de aire terminó pesando.

La vuelta y otro comienzo

Tres años después, decidió volver. La distancia había apagado esa “llamita del amor” que había nacido fuerte con Naanim Timoyko, y el regreso fue un intento por recomponer. No fue inmediato. Tampoco sencillo. Poco después apareció una propuesta en Córdoba para sumarse a Radio Mitre, lejos del circuito porteño al que estaba acostumbrado.

Sabía que no era una apuesta cómoda. La emisora competía con una radio dominante en la provincia y el margen para instalarse era estrecho. Aun así, aceptó. Con el tiempo logró posicionarse y hoy compite cabeza a cabeza en audiencia, algo que menciona como una de sus mayores satisfacciones profesionales.

El proceso, igual, tuvo zonas grises. Hubo tristeza disimulada, llamadas que dejaban más preguntas que respuestas y una hija, desde Barcelona, que notó lo que otros no veían. “¿Cómo estás?”, le preguntó. Él decía que bien. Ella no le creyó del todo.

El quiebre llegó con un cambio de horario: pasó a conducir de 22 a 0. Ese espacio le devolvió entusiasmo. “Yo voy feliz a la radio. Termino con ganas de volver al otro día”, contó en Caras. No lo dijo como consigna, sino como alivio.

Hoy mira ese período como una crisis que lo obligó a reordenarse. Sin épica ni golpes bajos. Solo como alguien que se fue, volvió y entendió algo en el camino. A veces, empezar de nuevo no resuelve todo. Pero acomoda.

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