Juan Alberto Mateyko dejó Derecho por Cacho Fontana y así nació “El Muñeco” que marcó una época

Mucho antes de convertirse en una de las voces más reconocibles de la radio y la televisión argentina, Mateyko tenía otro camino en mente. Una admiración por Cacho Fontana terminó modificando sus planes y detrás de aquel cambio también hay una historia familiar que mantuvo durante años lejos de las cámaras.

Juan Alberto Mateyko dejó Derecho por Cacho Fontana y así nació “El Muñeco” que marcó una época

Juan Alberto Mateyko estaba estudiando Derecho cuando tomó una decisión que terminó definiendo toda su carrera: dejó esa carrera y eligió el mundo de la comunicación después de quedar profundamente influenciado por Cacho Fontana. Décadas más tarde, aquel estudiante que cambió de rumbo se convertiría en “El Muñeco”, uno de los conductores más reconocidos de la radio y la televisión argentina.

La elección no apareció de la nada. La relación de Mateyko con los medios había comenzado mucho antes. En una entrevista recordó que desde chico sabía que lo suyo estaba vinculado con el espectáculo y que tuvo sus primeros trabajos en radio siendo apenas un niño. En Radio Splendid participó de un radioteatro cuando tenía nueve años, aunque sus padres terminaron poniéndole un límite para que priorizara sus estudios.

La frase de Cacho Fontana que explica el cambio de rumbo

Años después, Mateyko resumió aquella decisión con una frase contundente: estaba estudiando Derecho “hasta que Fontana torció mi camino”. El conductor contó que seguía a Cacho Fontana y que su manera de hacer radio terminó despertando una vocación que ya estaba presente desde su infancia.

La secuencia también permite entender por qué su vínculo con la radio fue mucho más profundo que una simple elección profesional. Para Mateyko, el medio se convirtió en una parte central de su identidad. En una entrevista posterior llegó a definirla como una presencia fundamental en su vida desde sus primeros años.

Ese recorrido desembocó en una carrera extensa, con pasos por radios como El Mundo, Rivadavia y Mitre, además de su enorme popularidad televisiva. Su mayor éxito fue “La movida del verano”, el ciclo que durante años llevó música y figuras del espectáculo a Mar del Plata y que llegó a convocar multitudes.

El apodo que nació de una despedida

“El Muñeco” tampoco fue un nombre pensado para construir una marca. Surgió de una situación mucho más casual.

Cuando trabajaba como notero de Lucho Avilés, Mateyko entrevistó a Mimí Pons. Al finalizar, ella lo despidió con un “chau, muñeco”. La frase llamó la atención de Avilés y luego terminó apareciendo en el diario Crónica como parte de la identificación del conductor. El apodo quedó asociado a él para siempre.

La historia tiene algo de paradoja: el sobrenombre que terminó acompañando a Mateyko durante décadas nació casi sin intención, mientras que su profesión fue el resultado de una decisión mucho más consciente.

En el plano personal, su historia también estuvo ligada durante años a Naanim Timoyko. Se casaron en 1988 y tuvieron dos hijos, Rosa María y Juan Bautista. La familia ocupó un lugar importante durante aquella etapa de su vida, aunque sus hijos mantuvieron un perfil mucho más alejado de la exposición pública.

Hay, incluso, un detalle familiar que permite dimensionar ese vínculo: Juan Bautista fue adoptado cuando tenía apenas 23 días de vida, según contó años después Naanim Timoyko. Rosa María, por su parte, desarrolló su vida profesional en publicidad y durante un tiempo residió en Barcelona.

Así, detrás de la figura que durante años apareció rodeada de artistas, micrófonos y cámaras hay una historia bastante más sencilla: un hombre que descubrió temprano qué quería hacer, tuvo que elegir entre un camino considerado seguro y una vocación que lo perseguía desde chico, y finalmente apostó por esta última.

La decisión cambió su vida. Y también terminó creando un personaje que, aunque nació de una frase casual de Mimí Pons, quedó para siempre en la memoria de la televisión argentina.

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