El modelo abrió su intimidad familiar y explicó a qué se dedican Luka y Lola, en un momento clave de sus vidas.
Hernán Drago habló como pocas veces de su rol de padre y de la etapa que atraviesan sus dos hijos, Luka y Lola. A los 50 años, el modelo y conductor acompaña de cerca a dos jóvenes que ya dejaron atrás el colegio y empezaron a tomar decisiones importantes sobre su futuro.
En una entrevista reciente, Hernán Drago contó que Lola, de 20 años, estudia Gestión de Medios en la UADE, pero atraviesa un momento de dudas personales y académicas. Según relató, su hija lo contactó con angustia para contarle que siente la necesidad de cambiar de carrera. Lejos de presionarla, él decidió acompañarla y respetar su proceso, entendiendo que también forma parte del crecimiento.
Estudios, dudas y cambios
Lola evalúa pasarse al área de publicidad y, al mismo tiempo, cambiar de universidad. Mientras termina el año, analiza qué materias puede mantener y cómo reorganizar su camino académico. Para Drago, lo importante es que su hija se escuche y tome decisiones propias, sin cargas externas.
En cuanto a Luka, que está por cumplir 23 años, su presente pasa por el trabajo y el emprendimiento personal. Actualmente se dedica a la gastronomía y tiene un pequeño proyecto de pastelería: cocina galletitas y productos dulces que vende en zonas como Nordelta y Tigre. Es una actividad que combina con su interés por seguir formándose y explorar nuevas posibilidades laborales.
Libertad, respeto y vínculo familiar
Luka también tuvo un pasado ligado al fútbol: hizo inferiores en Vélez y jugó hasta los 18 o 19 años, pero decidió dejar la competencia profesional cuando entendió que no era lo que quería para su vida. Hoy sigue jugando con amigos, pero sin presión.
Hernán Drago explicó que sus hijos se mueven con libertad entre su casa, la de su mamá y la de amigos, manteniendo un vínculo cercano y natural. “Ellos son mi vida”, resumió, dejando en claro que su rol como padre se basa en acompañar, escuchar y respetar.
El testimonio de Hernán Drago muestra una faceta íntima y humana, donde la paternidad se vive sin imposiciones, con presencia y comprensión, en una etapa donde crecer también implica dudar y volver a elegir.








