Mientras su hermana aún atravesaba horas de tensión, una historia en redes volvió a poner el foco sobre Felipe Fort y su relación con el volante. El contraste no pasó desapercibido.

El sábado dejó una escena que encendió alarmas. Marta Fort, hija de Ricardo Fort, atropelló con su camioneta BMW a una mujer de 89 años en el barrio porteño de Belgrano. El impacto fue fuerte, pero el parte médico trajo alivio: la víctima fue atendida por el SAME, derivada al Hospital Rivadavia con politraumatismos y quedó fuera de peligro.
Según trascendió, todo ocurrió cuando Marta realizó una maniobra brusca para esquivar un auto estacionado en doble fila, en Migueletes al 1100. La investigación sigue su curso y, desde su entorno, señalaron que la mujer cruzaba de manera imprudente. Más allá de las responsabilidades, el momento fue de nervios, llamados y preocupación.
Mientras tanto, a miles de kilómetros, su hermano mellizo Felipe Fort publicaba una historia que generó ruido. En Miami, se filmó manejando un deportivo a alta velocidad por una autopista, con una sola mano en el volante y el celular en la otra. El gesto resultó incómodo, sobre todo por el contexto inmediato.
Un contraste que no pasó inadvertido
El detalle llamó la atención porque días antes Felipe había hablado de un cambio personal. En una entrevista con Infobae, había dicho que ya no quería mostrarse desde el lugar del lujo y los autos. “Cualquier auto te lleva igual”, había reflexionado. El video, sin embargo, pareció ir en dirección opuesta.
El antecedente suma otra capa. Un año atrás, en Buenos Aires, Felipe protagonizó un incidente menor al atropellar a una joven que circulaba en monopatín. No hubo heridos ni atención médica, pero el recuerdo volvió a escena junto al accidente de Marta y el reciente posteo.
Nada de esto implica delitos nuevos ni causas abiertas, pero sí dejó una sensación difícil de esquivar. En medio de un episodio delicado para su hermana, la imagen de velocidad y despreocupación generó incomodidad. A veces, no hace falta decir nada para que el contraste hable solo.








