Mientras el chef sigue internado con pronóstico reservado, el testimonio del actor sumó un detalle que hoy inquieta y obliga a mirar la montaña sin romanticismo.

Facundo Arana no habló desde la especulación. Lo hizo desde un lugar incómodo, marcado por la experiencia y por haber estado, alguna vez, en el límite. Sus palabras, dichas con calma pero con peso, volvieron a poner el foco en el momento previo a la descompensación de Christian Petersen, hoy internado y atravesando un cuadro de extrema gravedad.
El chef continúa bajo atención médica permanente. El último parte confirmó un estado reservado y una falla multiorgánica que requiere cuidados intensivos. La situación no mostró cambios y la preocupación sigue intacta. En ese contexto, lo que dijo Arana resonó distinto.
El actor conoce de primera mano lo que implica desafiar la alta montaña. En 2012, durante un intento de ascenso al Everest, estuvo a punto de no contarlo: después de varios días de esfuerzo extremo, tuvo que ser evacuado de urgencia en helicóptero. Años después, en 2016, logró hacer cumbre. Esa experiencia es la que hoy le da otra densidad a su mirada.
En el programa A la tarde, Arana se detuvo en un punto clave: la exigencia real de este tipo de expediciones. Habló del Lanín como una montaña que suele subestimarse. “Se romantiza”, explicó, y detalló jornadas largas, arranques de madrugada y un desgaste físico que no siempre se dimensiona. No hubo épica, hubo realidad.
Consultado sobre la preparación de Christian Petersen, fue claro. Dijo conocerlo, saber que es una persona acostumbrada a la aventura y que no dudaba de su buen estado físico general. También destacó que estos desafíos no se encaran de manera improvisada y que existen protocolos estrictos, controles y regulaciones previas.
Esa combinación de respeto, experiencia y crudeza es lo que volvió inquietante su testimonio. No buscó culpables ni dio lecciones. Puso palabras a algo que muchos prefieren ignorar: incluso cuando se cree estar listo, el riesgo está.
Mientras Petersen sigue internado y cada parte médico es esperado con atención, las palabras de Arana dejan flotando una tensión difícil de esquivar. La montaña no perdona, y a veces, entenderlo llega demasiado tarde.








