Sofía Pachano contó cómo vivió la enfermedad de su papá en pleno embarazo y el impacto que tuvieron las miradas ajenas sobre su cuerpo. Una historia íntima y real.
El testimonio de Sofía Pachano volvió a poner en primer plano un tema profundo: cómo atraviesa una hija la enfermedad de su padre cuando su propio cuerpo también está cambiando. La actriz recordó uno de los períodos más intensos de su vida, marcado por el deterioro de la salud de Aníbal Pachano y por un embarazo vivido entre miedos, exigencias y comentarios que no esperaba recibir.
En aquellos meses, Sofía intentaba acompañar a Aníbal en un momento frágil, sostener su trabajo y, al mismo tiempo, lidiar con el impacto emocional que la atravesaba. Su cuerpo reaccionó como pudo frente a la presión: subió de peso. Sin embargo, lo que más la golpeó no fue la balanza, sino la mirada ajena. “Cuando papá se enfermó engordé ocho kilos y la gente me lo marcaba todo el tiempo”, contó. Esa falta de empatía terminó pesando más que cualquier cambio físico.
Críticas en el peor momento
Mientras la salud de Aníbal Pachano preocupaba a toda la familia, Sofía descubrió que muchas personas se sentían habilitadas a opinar sobre su cuerpo sin filtro. No eran solo comentarios en redes: también eran frases directas, dichas sin medir la sensibilidad del momento. Para ella, ese contraste entre su dolor íntimo y la exposición pública la dejó sin respuestas. “A mí no se me ocurriría decirle eso a alguien”, explicó.
Este proceso también reavivó capas profundas de su vínculo con Aníbal. Años de trabajo juntos, diferencias, afecto y reconciliaciones hicieron que la enfermedad del artista se viviera con un peso emocional aún mayor. Acompañarlo implicó enfrentar responsabilidades nuevas, miedo por su salud y una vulnerabilidad que no siempre podía mostrar en público.
Un aprendizaje que quedó para siempre
Con el tiempo, Sofía logró refugiarse en su entorno cercano y poner límites a las miradas que no le pertenecen. Entendió que no todas las personas tienen empatía y que cuidarse implica también frenar lo que hiere. Hoy, con más distancia emocional, reconoce que aquella etapa la fortaleció. Cada herida dejó una enseñanza.
“Hay que hablar menos y abrazar más”, reflexionó. Y detrás de esa frase queda claro que, en medio de un año devastador, encontró una forma de seguir adelante.








