El error al guardar el aceite de cocina que hace que se ponga rancio más rápido

Dejar la botella cerca de las hornallas, el horno o una ventana con sol puede acelerar su deterioro. La luz, el oxígeno y el calor favorecen la oxidación, un proceso que altera progresivamente el aroma y el sabor del aceite y que puede evitarse con un almacenamiento sencillo.

El error al guardar el aceite de cocina que hace que se ponga rancio más rápido

Guardar una botella de aceite en el lugar más cómodo de la cocina parece una decisión sin importancia. Sin embargo, dejarla durante mucho tiempo junto a las hornallas, cerca del horno o donde recibe luz directa puede acelerar su deterioro.

El motivo es la oxidación, una reacción que afecta a las grasas cuando permanecen expuestas al oxígeno y que puede avanzar más rápido bajo determinadas condiciones de luz y temperatura. En el caso del aceite de oliva, el INTA identifica precisamente la luz, el oxígeno y el control de la temperatura como factores clave para retrasar la degradación oxidativa.

Por eso, conservar correctamente el aceite no requiere ningún método especial: lo fundamental es mantener la botella bien cerrada, protegida de la luz y alejada de fuentes de calor.

¿Por qué la luz, el calor y el oxígeno deterioran el aceite?

La rancidez es una consecuencia del deterioro de las grasas. Una de las principales vías por las que ocurre es la oxidación, que modifica progresivamente las características del aceite y puede generar olores y sabores desagradables.

El proceso no se produce de un día para otro. El problema aparece cuando el producto permanece durante un período prolongado expuesto a condiciones que favorecen esas reacciones. Por eso, una botella que lleva mucho tiempo abierta puede deteriorarse antes que otra del mismo tipo que fue almacenada correctamente.

La luz es uno de los factores que más conviene controlar. La normativa argentina sobre elaboración de aceites señala que el material del envase debe ofrecer una buena barrera frente a la luz, ya que esta puede favorecer reacciones de oxidación y afectar las características sensoriales del producto.

El calor también puede acelerar el deterioro. Por eso, aunque resulte práctico dejar la botella al lado de las hornallas para tenerla siempre a mano, ese lugar no es una buena opción para conservarla durante períodos prolongados. El INTA recomienda mantener controlada la temperatura como parte de las medidas destinadas a preservar la calidad del aceite.

El tercer factor es el oxígeno. Cada vez que se abre una botella, el aceite entra en contacto con el aire. Cuanto más tiempo permanece abierta, mayor es la oportunidad para que avance la oxidación. En aceite de oliva, la Universidad de California en Davis recomienda elegir envases que puedan consumirse en semanas o pocos meses después de abiertos y guardarlos en un sitio fresco y oscuro.

Esto también explica por qué no siempre conviene comprar el envase más grande simplemente porque tiene un precio más conveniente por litro. Si la botella tarda muchos meses en consumirse, el producto permanecerá expuesto al oxígeno durante más tiempo una vez abierta.

El envase puede ayudar. Los recipientes oscuros u opacos reducen la exposición a la luz y ofrecen una protección mayor que los transparentes. En el caso del aceite de oliva, UC Davis señala al vidrio oscuro y a los envases metálicos entre las alternativas que mejor protegen frente a la luz.

¿Dónde conviene guardar el aceite y cómo saber si está rancio?

Para el almacenamiento doméstico, la opción más sencilla es una alacena fresca, seca y protegida de la luz, lejos de las hornallas, el horno y otras fuentes de calor. La botella debe permanecer correctamente cerrada después de cada uso.

Las recomendaciones pueden variar según el tipo de aceite y las indicaciones del fabricante, por lo que la etiqueta sigue siendo la referencia para las condiciones específicas de conservación. No es necesario convertir la heladera en una regla general para todos los aceites.

En el caso del aceite de oliva, por ejemplo, el frío puede hacer que aparezca turbidez o que algunos componentes se solidifiquen temporalmente. UC Davis aclara que estos cambios producidos por las bajas temperaturas no significan necesariamente que el aceite se haya echado a perder.

La señal más útil para detectar un aceite deteriorado está en sus características sensoriales. Un olor o sabor claramente rancio o extraño indica que el producto perdió calidad. El Código Alimentario Argentino establece que los aceites y grasas vegetales que presentan olores o sabores extraños y/o rancios no son aptos para consumo.

Hay una diferencia importante entre un aceite rancio y algunos cambios físicos que pueden ocurrir por la temperatura. Que un aceite de oliva se vuelva turbio o presente sedimentos después de enfriarse, por ejemplo, no alcanza por sí solo para afirmar que está deteriorado.

También hay que distinguir el aceite sin usar del que ya fue utilizado para freír. El aceite de fritura sufrió temperaturas elevadas y puede presentar cambios adicionales. Si se pretende reutilizar, el USDA recomienda filtrarlo y guardarlo en un recipiente cerrado y protegido de la luz; para conservar mejor su calidad, aconseja refrigerarlo. Si se vuelve turbio, comienza a formar espuma o desarrolla un olor o sabor desagradable, debe descartarse.

En Argentina, además, el Código Alimentario establece criterios específicos para los aceites y grasas de fritura usados: se consideran no aptos cuando presentan alteraciones en sus características sensoriales, entre otras condiciones.

La clave, entonces, no está en buscar un lugar especial ni en recurrir a métodos complicados. El mayor error es mantener durante mucho tiempo el aceite expuesto al calor, la luz y el aire. Una alacena protegida de esos factores y una botella bien cerrada permiten retrasar el deterioro y conservar durante más tiempo las características del producto.

Fuentes consultadas

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