Cómo está hoy el hijo de Esteban Lamothe en una etapa clave

Luis, el hijo de Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, atraviesa un momento de cambios, creatividad y búsqueda personal acompañado muy de cerca por sus padres.

Luis, el hijo de Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, atraviesa una etapa de crecimiento marcada por cambios, preguntas y descubrimientos. Con dos padres en pleno auge profesional, pero comprometidos con su rol familiar, el chico se mueve entre la contención, la libertad creativa y una exposición pública medida que respeta su intimidad.

A sus 12 años, Luis está en ese punto donde la niñez empieza a transformarse y aparecen los primeros gestos de identidad propia. Pese al mundo artístico que rodea a sus padres —con Esteban Lamothe brillando por el éxito de Envidiosa en Netflix y Zylberberg destacándose en Yiya— él se mantiene lejos del exhibicionismo habitual. La pareja eligió desde el principio una crianza compartida que prioriza estabilidad, rutinas claras y un hogar emocional cuidado.

Expresión personal y búsqueda de estilo

Uno de los rasgos más visibles de esta etapa es su interés por la estética. Zylberberg contó que Luis disfruta inventar peinados, teñirse mechones y jugar con estilos distintos, a veces con la ayuda de una tía. En un viaje reciente incluso llevó trenzas y colores vibrantes. No se trata de experimentos pasajeros, sino de señales de una identidad en formación, un terreno donde sus padres acompañan sin presión ni exposición excesiva.

Un entorno que lo sostiene

Más allá de la estética, Luis vive una vida típica para su edad: deportes, juegos, salidas y paseos. En las fotos que Esteban Lamothe comparte —siempre cuidadas y sin mostrarse de más— se ve una relación cercana. Abrazos, gestos cómplices y miradas orgullosas muestran una paternidad presente que no necesita grandes declaraciones.

Esa presencia resulta clave. A medida que surgen dudas, inseguridades o curiosidades propias del inicio de la adolescencia, Lamothe y Zylberberg ofrecen una mezcla de guía y libertad que le permite avanzar sin perderse en el camino. Lo acompañan, observan y contienen, sin convertir su crecimiento en un espectáculo.

Cierre

Luis crece entre contención, creatividad y una familia que elige estar. En un mundo donde la exposición suele imponerse, su recorrido habla de otra forma de acompañar: más silenciosa, más humana y más respetuosa del tiempo de cada chico.

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