Fernanda Callejón y Martín Salwe, una llamada tensa en vivo

El cruce telefónico expuso miradas opuestas y dejó un clima incómodo al aire, con acusaciones que siguen abiertas y emociones todavía a flor de piel.

Fernanda Callejón y Martín Salwe, una llamada tensa en vivo

La incomodidad se coló sin aviso en el aire. No hubo gritos, pero sí silencios densos, frases medidas y una tensión que se escuchaba incluso cuando nadie hablaba. A menos de un día de las acusaciones públicas de Fernanda Callejón, Martín Salwe decidió llamar en vivo y enfrentarla directamente.

Todo había empezado horas antes, cuando la actriz habló en televisión de su paso por Pasó en América y describió un clima de maltrato. “Mis compañeros me hicieron bullying permanentemente”, dijo, al explicar por qué decidió irse del programa. El comentario no pasó desapercibido y generó reacciones inmediatas.

Primero fue Natalie Weber quien salió a responder. Después, llegó el turno de Salwe, que eligió no hablar en diferido. En Lape Club Social, pidió frenar un momento y marcó un límite. “Ella puede decir que no se sintió cómoda, pero de ahí a decir bullying hay un abismo”, sostuvo, visiblemente molesto.

Antes de llamar, dejó clara su postura. Dijo que nunca hubo un planteo directo, que jamás recibió un reclamo puertas adentro. “Lo que pasaba era A y ella sentía Z”, resumió, intentando explicar la diferencia de percepciones.

Una llamada que tensó el aire

El momento más delicado llegó cuando Salwe apuntó a algo que, según él, cruzó una línea. Mencionó que Callejón habló al aire sobre la salud del padre de Natalie Weber, un tema que —remarcó— nunca se había hecho público. “Pasó por encima de su voluntad. Es una falta de respeto para quienes sufrieron bullying de verdad”, lanzó.

Con el teléfono en la mano, llamó a Fernanda. Del otro lado, la respuesta fue firme pero sin elevar el tono. “Siempre sentí tensión. Eso también es una forma de bullynear”, explicó ella. Habló de gestos, de miradas, de sentirse gastada. No de hechos puntuales, sino de un clima que, según dijo, la fue desgastando.

La charla no cerró el conflicto. Dejó, en cambio, una sensación incómoda y abierta. Dos miradas opuestas sobre una misma experiencia laboral y una palabra —bullying— que pesa, incomoda y divide.

Por ahora, no hubo reconciliación ni acuerdo. Solo una certeza: cuando las percepciones chocan en público, el silencio también dice cosas.

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