Brian Lanzelotta sufrió una estafa de $17 millones con su fábrica de papel higiénico: cómo ocurrió

El ex participante de Gran Hermano recibió el pedido más grande desde que abrió su emprendimiento en La Matanza y llegó a producir 3100 bolsones. El supuesto comprador presentó comprobantes de una transferencia que nunca existió y la mercadería terminó saliendo del galpón.

Brian Lanzelotta sufrió una estafa de $17 millones con su fábrica de papel higiénico: cómo ocurrió

Brian Lanzelotta atravesó uno de los golpes económicos más duros desde que decidió apostar por su fábrica de papel higiénico en La Matanza. Un supuesto cliente le encargó 3800 bolsones de rollos sanitarios, pero después de entregar buena parte de la mercadería descubrió que los $17 millones acordados nunca habían sido transferidos.

El pedido había llegado apenas una semana antes y representaba una oportunidad importante para el emprendimiento. Para cumplir con el plazo, Lanzelotta tuvo que conseguir dinero para comprar los insumos necesarios y trabajó junto a su hermano durante varios días con la producción al límite.

El pedido que parecía una oportunidad para la fábrica

La operación exigía fabricar 3800 bolsones en apenas siete días. El volumen era considerable y, según relató Lanzelotta, prácticamente alcanzaba para completar un semirremolque.

Como no tenía el capital suficiente para afrontar la producción, su suegro pidió un préstamo y le facilitó el dinero para comprar papel, conos, bolsas y otros materiales. El trabajo tampoco fue sencillo: tuvieron inconvenientes con la materia prima, una inundación y desperfectos en la maquinaria.

A pesar de las dificultades, consiguieron preparar 3100 de los 3800 bolsones solicitados.

Había, además, una condición que Brian había intentado establecer para reducir el riesgo: no terminar de cargar el camión hasta comprobar que el pago estuviera acreditado.

El comprobante de transferencia que terminó siendo clave

El sábado, cerca del mediodía, llegó el camión para retirar la mercadería. Lanzelotta cargó una parte y esperó el pago, tal como había acordado.

Fue entonces cuando recibió un supuesto comprobante de transferencia. La primera explicación fue que el pago había sido rechazado porque la contadora del comprador había ingresado mal un número de documento. Después le solicitaron los datos de su cuenta bancaria y le indicaron que, por tratarse de un sábado, la acreditación podía demorar entre 24 y 48 horas.

Con esa explicación, la mercadería terminó saliendo del galpón.

La secuencia también quedó registrada en material audiovisual en el que Lanzelotta contó cómo reconstruyó lo ocurrido y el impacto que tuvo la situación sobre su emprendimiento.

El problema apareció cuando pasó el tiempo y el dinero seguía sin ingresar.

La visita al banco confirmó la estafa

El lunes, preocupado porque tenía que responder por las deudas asumidas para fabricar el pedido, Brian decidió comprobar personalmente qué había ocurrido con la transferencia.

Primero consultó en su propio banco y recibió una respuesta concreta: no había ninguna operación pendiente. Después se dirigió a la entidad desde la que supuestamente se había enviado el dinero.

Allí hizo otra comprobación. Con el CUIT, el nombre, el apellido y el número de documento que le habían proporcionado para realizar la operación, intentó verificar la identidad del supuesto comprador.

Según contó, ninguno de esos datos coincidía con un cliente de esa entidad. Incluso descubrió que la información utilizada durante la operación correspondía, según su relato, a una empresa real de Guaymallén, Mendoza.

La mercadería, además, tenía como destino inicial esa provincia. Sin embargo, Lanzelotta aseguró que el camionero habría recibido posteriormente instrucciones para descargarla en otra dirección.

Brian Lanzelotta quedó con las deudas y sin la mercadería

El perjuicio no terminó en los $17 millones que esperaba cobrar. Para fabricar el pedido, el emprendimiento había comprometido recursos propios y dinero prestado por familiares y proveedores.

Por eso, lo que inicialmente parecía ser el negocio más importante desde la apertura de la fábrica terminó convirtiéndose en una deuda difícil de afrontar.

“Pensamos que iba a ser el pedido que me iba a dar vuelta, que me iba a cambiar el panorama de la fábrica, y me lo cambió”, expresó Lanzelotta al contar lo ocurrido.

El ex Gran Hermano decidió hacer pública la maniobra y compartir los datos que tenía sobre la operación, entre ellos información del camión y del supuesto chofer, con el objetivo de advertir a otros comerciantes.

Para Brian, el golpe no fue solamente perder una venta millonaria. Había apostado buena parte de los recursos de una fábrica que todavía está intentando crecer y terminó descubriendo el engaño cuando la mercadería ya había salido de sus manos.

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