A un año de la pérdida, el actor habló del último día de su esposa y dejó flotando una duda que todavía lo acompaña. No acusa, no denuncia, pero tampoco puede soltar esa sensación.

El recuerdo vuelve sin avisar. A veces como una imagen, otras como una frase que se repite en la cabeza. Arturo Puig lo dijo con la voz calma, pero con una carga que se siente incluso a la distancia: “Yo creo que hubo un error del primer médico que vino”. No fue una denuncia formal ni una acusación directa. Fue algo más íntimo y más difícil de resolver: una duda.
La muerte de Selva Alemán, en septiembre de 2024, marcó un quiebre definitivo en su vida. Después de más de 50 años juntos, el actor sigue intentando entender cómo se llega a vivir sin la persona que fue el centro de todo. En una entrevista reciente, habló del último día de Selva y del momento en el que algo no cerró.
Ella era estricta con su salud, metódica con los controles. Por eso, cuando apareció un dolor de estómago fuerte, nadie pensó en algo más grave. El primer médico que la revisó descartó una urgencia. Pero el dolor siguió creciendo. Más tarde, con la llegada de la ambulancia, el diagnóstico fue otro: un infarto.
Lo que quedó dando vueltas
Puig contó que después supo algo que no sabía entonces: en muchas mujeres, el infarto no se presenta como el dolor clásico en el brazo, sino como un malestar gástrico intenso. Ese dato, aprendido demasiado tarde, es el que hoy lo acompaña como una pregunta sin respuesta. Vivían a pocas cuadras de un centro cardiológico. Si ese primer diagnóstico hubiera sido distinto, el recorrido también lo habría sido.
Aun así, no habla de juicios ni de acciones legales. “No sé… ya está”, dijo, casi resignado. Y en esa frase hay más cansancio que enojo.
El duelo lo obligó a cambiar rutinas, espacios y hasta la casa en la que vivieron durante décadas. Se mudó a un departamento más chico, por consejo de su hija, para evitar escaleras y recuerdos permanentes. Admitió que recién ahora se da cuenta de cuántas cosas resolvía Selva por él. “Era el centro de la familia”, dijo, sin adornos.
El trabajo aparece como refugio. En 2026 volverá al teatro con un unipersonal, a su ritmo. “Es día a día, hora a hora”, explicó. A veces está bien, a veces no. Y en ese vaivén, la duda sigue ahí, silenciosa, sin gritar, pero imposible de ignorar.








