El médico sufrió un accidente de tránsito y apareció con cuello ortopédico. A los 87 años, eligió contarlo sin dramatismo y con una calma que llamó la atención.

Apareció en cámara con un cuello ortopédico que no pasó desapercibido. No fue un anuncio médico ni una recomendación de salud: fue la consecuencia de un choque inesperado en plena vía pública. Alberto Cormillot contó que lo chocaron desde atrás mientras manejaba y que el impacto le provocó una lesión en la zona cervical.
“Me chocaron de atrás en el auto”, dijo con tono sereno, sin rodeos. La escena fue sencilla, casi cotidiana, pero alcanzó para generar preocupación. A sus 87 años, cualquier accidente suma un condimento extra. Sin embargo, él mismo se encargó de bajar la tensión y poner el foco en cómo está hoy.
El golpe no pasó a mayores, aunque sí dejó secuelas. El clásico “latigazo” que produce el cinturón de seguridad terminó afectándole el cuello. Por eso, los médicos le indicaron usar un cuello ortopédico durante un tiempo prolongado. No días: meses.
La vida con cuello ortopédico
Lejos de mostrarse incómodo, Cormillot sorprendió con su mirada práctica. Explicó que deberá usarlo alrededor de dos meses y que, contra lo que muchos imaginan, no lo vive como una molestia. “Al contrario, es cómodo porque te alivia el dolor. No hacés ningún movimiento que sea inconveniente”, contó.
Incluso reveló un detalle que llamó la atención: duerme con el cuello puesto. “Duermo con el puesto y me siento cómodo”, aseguró, describiendo el material como “mullidito” y diferenciándolo de los cuellos rígidos que se usan en emergencias. En su caso, se trata de uno más blando, pensado para acompañar el proceso y limitar el dolor sin generar rigidez extrema.
Habló de rutina, de adaptación, de seguir adelante con cuidados, pero sin dramatizar. En su relato no hubo quejas ni alarmas, sino una forma tranquila de contar algo que pudo haber sido peor.
El accidente fue un susto. La recuperación, un proceso. Y en el medio, la imagen de un médico que, aun atravesando un momento incómodo, eligió explicar, calmar y seguir. Sin grandes gestos. Sin exageraciones. Como quien entiende que, a veces, la vida simplemente frena de golpe.








