Por qué en agosto aumentan las consultas por gripe y qué explican los médicos

Aunque el invierno empieza varias semanas antes, agosto suele concentrar un mayor número de consultas por gripe y otras infecciones respiratorias. La combinación de una mayor circulación de virus, el tiempo prolongado en ambientes cerrados y el efecto acumulado de los contagios ayuda a explicar por qué los consultorios reciben más pacientes durante este período.

Por qué en agosto aumentan las consultas por gripe y qué explican los médicos

Hay una escena que se repite cada invierno: alguien empieza con dolor de garganta en la oficina, a los pocos días otro compañero falta porque tiene fiebre y, antes de que termine la semana, varios integrantes de una misma familia presentan síntomas parecidos. Esa cadena de contagios suele hacerse más evidente en agosto, cuando muchas personas sienten que “todo el mundo está engripado”.

La explicación no está en el calendario, sino en cómo circula el virus. La gripe no aparece de golpe cuando llega agosto: los contagios se vienen acumulando desde semanas antes y, con el paso del invierno, encuentran las condiciones ideales para propagarse. Entender ese proceso ayuda a comprender por qué los consultorios suelen recibir más pacientes en esta época del año.

En términos generales, agosto coincide con uno de los momentos de mayor circulación de virus respiratorios en Argentina, aunque la intensidad puede variar de una temporada a otra según las cepas predominantes y las condiciones epidemiológicas de cada año. Esta explicación coincide con lo descripto por organismos sanitarios como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades sanitarias, que señalan que la circulación de la influenza suele intensificarse durante los meses más fríos.

Por qué agosto suele ser el mes con más consultas por gripe

La gripe está causada por el virus de la influenza y se transmite principalmente a través de las gotas respiratorias que expulsan las personas al hablar, toser o estornudar. A diferencia de lo que muchas veces se cree, el frío por sí solo no provoca la enfermedad.

Lo que sí ocurre es que las bajas temperaturas modifican los hábitos cotidianos. Se pasa más tiempo en ambientes cerrados, las ventanas permanecen cerradas durante varias horas y aumenta el contacto cercano en oficinas, escuelas, comercios y el transporte público. Ese escenario facilita que el virus pase de una persona a otra.

Además, los contagios no son inmediatos ni aislados. Cuando comienza el invierno aparecen los primeros casos y, a medida que transcurren las semanas, la transmisión se va acumulando. Para agosto, esa cadena suele haber alcanzado un nivel suficiente como para reflejarse en un aumento de consultas médicas.

Eso no significa que todos los años el pico ocurra exactamente en el mismo momento. Hay temporadas en las que la circulación viral se adelanta o se retrasa algunas semanas, dependiendo del comportamiento de las distintas variantes del virus y de otros factores sanitarios.

Más consultas no siempre significan más casos graves

Escuchar que aumentan las consultas puede generar preocupación, pero ese dato no implica necesariamente que haya más internaciones o cuadros graves.

Muchas personas acuden al médico porque presentan fiebre, dolor muscular, cansancio intenso o tos y buscan confirmar si se trata de gripe o de otra infección respiratoria. La mayoría evoluciona favorablemente con reposo, buena hidratación y el tratamiento indicado por un profesional cuando es necesario.

Durante el invierno también circulan otros virus que producen síntomas muy parecidos. El resfrío común, por ejemplo, suele provocar congestión nasal, estornudos y malestar general, mientras que la gripe habitualmente aparece de manera más brusca, con fiebre alta, dolores musculares marcados, escalofríos y una sensación de agotamiento que puede durar varios días.

Como esos cuadros pueden confundirse entre sí, el diagnóstico depende de la evaluación médica y, en determinadas situaciones, de estudios específicos.

Por qué una persona vacunada también puede tener gripe

Una de las dudas más frecuentes aparece cuando alguien recibe la vacuna antigripal y, aun así, termina enfermándose.

La vacuna no evita todos los contagios. Su principal objetivo es reducir el riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad, disminuir las complicaciones y evitar internaciones, especialmente en personas mayores, embarazadas, niños pequeños y quienes tienen enfermedades crónicas.

Por ese motivo, una persona vacunada puede contraer gripe, aunque muchas veces el cuadro resulta más leve que si no hubiera recibido la inmunización.

Cada año, además, la composición de la vacuna se actualiza siguiendo las recomendaciones internacionales sobre las variantes del virus que se espera que circulen con mayor frecuencia.

Cuándo conviene consultar al médico

La mayoría de los casos de gripe mejora en pocos días, pero existen situaciones en las que es importante buscar atención médica sin demora.

Entre los principales signos de alarma se encuentran la dificultad para respirar, el dolor intenso en el pecho, la confusión, la fiebre muy alta que no cede o reaparece después de haber desaparecido, la deshidratación y el empeoramiento repentino de los síntomas.

Las personas mayores, los bebés, las embarazadas y quienes padecen enfermedades cardíacas, respiratorias, diabetes o tienen las defensas comprometidas deben prestar especial atención, ya que presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones.

También conviene evitar la automedicación, especialmente con antibióticos. La gripe es una enfermedad causada por un virus y estos medicamentos no actúan contra las infecciones virales, salvo que un profesional indique su uso por una complicación bacteriana.

Mantener los ambientes ventilados, lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser o estornudar y permanecer en casa mientras haya fiebre siguen siendo algunas de las medidas más eficaces para disminuir la transmisión.

Entender por qué agosto suele concentrar más consultas por gripe permite mirar el invierno con otra perspectiva. No se trata de que el virus se vuelva más peligroso de un día para otro, sino del resultado de semanas de circulación sostenida y de hábitos propios de esta época del año que favorecen los contagios. Comprender ese proceso ayuda a interpretar mejor lo que ocurre cada invierno, adoptar medidas sencillas para reducir el riesgo de contagio y saber cuándo es conveniente consultar al médico.

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