Adolfo Cambiaso y María Vázquez: una historia de amor que comenzó sin flechazo

Se conocieron en 1994 y la primera impresión de María no fue precisamente romántica. Una semana después volvieron a encontrarse, comenzaron una relación que llegó al casamiento en 2001 y, con el tiempo, formaron una familia que acompañó la carrera internacional del polista.

Adolfo Cambiaso y María Vázquez: una historia de amor que comenzó sin flechazo

Adolfo Cambiaso y María Vázquez llevan alrededor de tres décadas juntos, pero su historia no comenzó con un flechazo. Según recordó la modelo en distintas entrevistas, cuando se conocieron en una fiesta ella acababa de terminar una relación y no sintió demasiado feeling con el joven polista.

La segunda oportunidad llegó apenas una semana después. Cambiaso estaba por irse de otra fiesta, pero cuando vio a María decidió quedarse; le pidió su teléfono y, aunque ella no se lo dio en ese momento, finalmente lo consiguió a través de un amigo.

Ese segundo encuentro quedó como el verdadero punto de partida de una relación que atravesó noviazgo, matrimonio, hijos y años de viajes vinculados al polo.

De un segundo encuentro a una boda casi secreta

María y Adolfo tardaron varios años en llegar al altar. Según las distintas entrevistas que brindó Vázquez, estuvieron alrededor de seis o siete años de novios antes de casarse, en febrero de 2001, en Cañuelas, la tierra natal del polista.

La boda tuvo una característica que contrastaba con la exposición pública de ambos: fue íntima y prácticamente organizada en secreto. María contó que Adolfo quería evitar convertirse en el centro de atención y que incluso sus hermanos, que estaban en el exterior, no fueron avisados con anticipación.

La organización también tuvo un ritmo poco convencional. Cambiaso ya le había propuesto casamiento en otras oportunidades, algunas de las cuales no llegaron a concretarse. Cuando finalmente volvió a plantearlo, María ya no sabía si tomarlo en serio. Esta vez, sin embargo, él decidió encargarse de todo y el casamiento terminó organizándose prácticamente de una semana para la otra.

Después llegaron sus tres hijos: Mía, nacida en 2002; Adolfo “Poroto”, en 2005; y Myla, en 2012. Durante años, la familia se trasladó entre distintos países siguiendo el calendario internacional del polo, con temporadas en lugares como Estados Unidos, Inglaterra y España.

Para María, esa dinámica también implicó tomar decisiones profesionales. Después del nacimiento de Mía puso en pausa su carrera de modelo durante determinados períodos para acompañar a la familia. Con el tiempo, volvió a desarrollar proyectos vinculados con la moda y emprendimientos propios, y explicó que no había vivido aquella decisión como una renuncia, sino como una elección familiar.

Una familia acostumbrada a vivir en movimiento

La vida familiar terminó organizada alrededor de la carrera de Cambiaso, pero la relación entre ambos también tuvo una dinámica propia. El polista describió alguna vez el funcionamiento de la pareja con una frase gráfica: María aporta el orden y él, “el desorden necesario”.

Esa convivencia se desarrolló durante décadas mientras Cambiaso competía en distintos lugares del mundo. María, además, destacó en varias oportunidades la presencia de su marido como padre. Entre los ejemplos que recordó está el de Mía, a quien Cambiaso llevaba durante varios días cuando era pequeña para que pudiera acompañarlo mientras María resolvía otras cuestiones.

Con el crecimiento de los hijos apareció una nueva etapa. Mía y Poroto comenzaron a acercarse al polo y Myla también desarrolló habilidades en el deporte, aunque Adolfo sostuvo que cada uno debía encontrar su propio camino y que no quería imponerles su profesión.

La pareja también conservó una parte importante de su intimidad. Según contó María, recibieron propuestas para convertir la vida familiar en un reality, pero decidieron rechazarlas.

Esa elección ayuda a entender por qué, pese a la exposición pública de ambos, muchos aspectos de su vida cotidiana permanecieron fuera de las cámaras.

La propia María también habló de cambios personales a lo largo de los años. Reconoció que de joven era muy celosa y explicó que con el tiempo aprendió a sentirse más segura de sí misma, de su pareja y de lo que quería. En otra entrevista resumió con humor la intensidad de una vida familiar compartida durante tantos años: a veces, admitió, necesitan “vacaciones de nosotros mismos”.

Ahora que sus hijos crecieron y comenzaron a ganar independencia, el matrimonio atraviesa una etapa diferente. María habló de la necesidad de “reencontrarnos” como pareja después de tantos años concentrados también en la vida familiar.

En ese recorrido, la historia de Cambiaso y Vázquez conserva un dato que resume bastante bien su comienzo: antes de convertirse en una pareja de décadas, tuvieron que volver a encontrarse porque la primera vez, simplemente, no había habido flechazo.

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